En la búsqueda de una vida más larga y saludable, investigadores y especialistas en bienestar coinciden en destacar la importancia de ciertos hábitos cotidianos que pueden marcar la diferencia en la calidad de vida. Entre las múltiples recomendaciones que suelen circular, un hábito en particular ha captado la atención por su impacto significativo en la Salud a largo plazo.
A diferencia de otras acciones que requieren grandes esfuerzos o inversiones, este hábito puede incorporarse de manera accesible, transformándose en una herramienta poderosa de autocuidado con efectos positivos a corto y largo plazo. La clave radica en la constancia, sin necesidad de cambios drásticos en la rutina.
CÓMO ES EL HÁBITO PARA AUMENTAR LA LONGEVIDAD QUE PODÉS COMENZAR EN CUALQUIER MOMENTO
Un estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine aporta evidencia contundente: adoptar un estilo de vida activo, incluso en edades avanzadas, puede reducir de manera significativa el riesgo de muerte por cualquier causa.
El trabajo señala que mantener la actividad física de forma constante a lo largo del tiempo disminuye el riesgo de fallecimiento entre un 30% y un 40%, mientras que incluso niveles de actividad inferiores a los recomendados se asocian con una reducción del riesgo de entre un 20% y un 25%.
De acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se aconseja realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, o una combinación de ambas, con el potencial de disminuir el riesgo de muerte hasta en un 40%.
Lo más alentador es que cualquier incremento en la actividad física resulta beneficioso, incluso para quienes no logran cumplir con las metas ideales pero superan su nivel de sedentarismo previo.
Los resultados del análisis también reflejan que el efecto protector del ejercicio es más notorio en enfermedades cardiovasculares que en cáncer: las personas activas tienen un 40% menos de riesgo de morir por enfermedades cardíacas y un 25% menos por cáncer en comparación con quienes llevan una vida sedentaria.