Basta escuchar las distintas voces para darse cuenta de que no había mucho entusiasmo por cobrar penal en el disparo de Fausto Vera que Campi detuvo con la mano a centímetros de la línea de gol.
Los integrantes del VAR esgrimieron sus razones para no sancionar la pena máxima: por un lado Ramírez sostuvo que la pelota había pegado en el pecho y no en la mano, desde la ayuda arbitral externa le retrucaron que sí había pegado en la mano pero que el cuerpo estaba por detrás.
La decisión final favoreció al local -una situación habitual cuando se trata del equipo de Chiqui Tapia- y encendió las quejas del banco de suplentes del Millonario.