Como si hubiera una relación causal entre una cosa y la otra, un padre marcaba que Independiente no salía campeón desde que su hijo había nacido, tildándolo de haberle traído mala suerte al club de sus amores.
Con tino, su vástago le preguntó que podría hacer para cambiar el rumbo de la historia -como si hubiera algo posible- más allá de ir a alentar a la tribuna.
Como una solución mágica, el padre propuso que se cambiara el apellido por el de la madre… ¡que es hincha de Racing!.