Cuando viene la mala a los equipos les cuesta salir, llámese el actual Real Madrid, el River del Muñeco Gallardo del último año o el Boca de Bianchi de su última etapa.
El Tottenham está en ese momento en el que los partidos que merece ganar los termina empatando, y los que debería empatar, los pierde.
Esta vez, ante el pragmático West Ham volvió a adolecer de la falta de inventiva y la mandíbula floja que ni siquiera la vergüenza del Cuti Romero -autor de un golazo de cabeza, cargando con decisión al área- pudo salvar del desastre.
EL RESUMEN DEL PARTIDO
Los Spurs no levantan y sus hinchas le dan la espalda yéndose antes de que termine el encuentro.