Con la esperanza de que la cosa aún pueda revertirse, según el gobernador salteño Gustavo Sáenz, aseguró que la gente ya está cansada y que ya no cree en nadie.
Sáenz pintó una realidad terrible y comparable con la del 2001 pero con la injerencia de las redes sociales que hacen que todo sea mucho más violento. El gobernador recalcó que en la caída de De la Rua la gente pedía “que se vayan todos” pero ahora quiere "que se mueran todos".
Ante un Eduardo Feinmann que no sabía por donde salir, Sáenz enumeró las principales falencias del gobierno: que los jubilados no tengan remedios, que la gente tenga que comer salteado, que no consiguen empleo, las empresas que cierran y aprovechó para comparar la situación de quedarse sin trabajo en las grandes ciudades con lo que pasa en el interior profundo del pais.