El divertido debate -con engullida de salamín en el medio- entre Tomás Rebord y Alejandro Bercovich encierra una profunda discusión que se da dentro del campo nacional y popular.
La pregunta es hasta qué punto se flexibilizan los controles de ingreso en este espacio y quiénes tienen el derecho de ejercerlo.
Para Berco, anclado en el troskismo como línea ideológica, Guillermo Moreno es intolerable, mientras que para el conductor de Blender es un jugador valiosísimo.