Afrontar el desafío de tomar el volante y salir a la calle puede transformarse, para muchas personas, en una experiencia atravesada por la ansiedad, el bloqueo y un temor paralizante. En este sentido, la amaxofobia ha tomado un protagonismo central en las consultas de Salud mental.
Cuando una persona experimenta un miedo desmedido a estar al mando del auto, los especialistas suelen rastrear la presencia de traumas pasados, pero también patrones de perfeccionismo extremo. El vehículo se convierte así en un escenario donde se proyectan inseguridades internas.
QUÉ SIGNIFICA TENERLE MIEDO A MANEJAR SEGÚN LA PSICOLOGÍA
El temor a conducir, de acuerdo con la psicóloga Amorina Díaz, especialista en amaxofobia, trasciende la mera dificultad para operar un vehículo: representa una erosión gradual de la autonomía y la seguridad personal que impacta de forma directa en diversas áreas de la vida diaria.
"Quien experimenta miedo al volante pierde independencia y convicción en sus capacidades; posteriormente, esto desencadena inhibiciones en otros planos, como dudar ante la posibilidad de cambiar de empleo o abstenerse de solicitar un incremento de sueldo", precisó la profesional. En este sentido, detrás de cada cuadro de amaxofobia subyace un deseo o meta postergada, desde trasladar a los hijos al colegio o visitar a un familiar lejano, hasta acceder a un puesto laboral más conveniente o reconquistar la propia libertad de desplazamiento.
Conforme a la especialista, la génesis de este problema suele concentrarse en tres detonantes principales. El primero se vincula a perfiles con marcada tendencia a la inhibición, con una personalidad reservada y alta sensibilidad a la opinión ajena. El segundo proviene de patrones de crianza signados por la sobreprotección, donde la persona creció habituada al cuidado externo permanente. El tercero responde a la vivencia de un hecho estresante o traumático en el tránsito, como haber sufrido un siniestro vial o una experiencia de alto impacto emocional, siendo este último el factor predominante en el público masculino. Adicionalmente, incide una dimensión sociocultural: la existencia de mandatos familiares donde las mujeres no conducían, la crianza en entornos donde los adultos contagiaban temor al manejo o la exposición continua a crónicas policiales y accidentes viales.
A la par de instar a quienes padecen esta fobia a iniciar un abordaje terapéutico, Díaz enfatizó la urgencia de fomentar un tránsito más empático y tolerante. La experta señaló la importancia de manejar con responsabilidad y respeto recíproco, recordando que frente a un eventual choque o maniobra desafortunada, las reacciones violentas no solucionan el imprevisto y solo incrementan la hostilidad en la vía pública.