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Qué es la misofonía y cómo viven las personas con repulsión a sonidos cotidianos

A diferencia de una simple molestia porque alguien más en la sala mastica chicle de forma desagradable, las personas afectadas por la misofonía sufren de una intolerancia a determinados sonidos cotidianos, como el goteo de una canilla o la respiración de otra persona.

Posiblemente, a nadie le agrade particularmente escuchar sonidos de personas masticando o que golpean los dedos repetidamente sobre la mesa. Sin embargo, estos sonidos pueden llegar a causar ira, asco, ganas de huir y una repulsión severa en algunas personas. En estos casos hablamos de misofonía o Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido, la intolerancia a ruidos con patrones repetitivos.

Como tal, no se trata de una simple molestia porque alguien más en la sala mastica chicle de forma desagradable, es una reacción severa frente a sonidos que para cualquier persona sólo están de fondo, ambientales, como el goteo de una canilla o la respiración de otra persona. "Es más que solo estar molesto por ciertos sonidos, se trata de sentirse atrapado o impotente cuando no puedes alejarte de estos sonidos y perderte cosas debido a esto", dijo a Science Alert Jane Gregory, psicóloga clínica de la Universidad de Oxford.

De hecho, no se trata tanto del volumen del sonido, sino de la repetición, aclaró Gregory en otro artículo sobre el tema publicado en The Guardian, quien también coautora de un estudio científico aún no revisado por pares que estimó que la misofonía afecta al 18% de los británicos, aunque sólo el 14% es consciente.

El término misofonía fue definido por primera vez en 2001 por los neurocientíficos estadounidenses Pawel y Margaret Jastreboff, precisa la BBC, pero recién en 2013 se reconoció como un problema clínico. Suele aparecer al final de la infancia o en los primeros años de la adolescencia y, en términos generales, puede advertirse en algunos cambios físicos, como aumento de la tensión muscular o del ritmo cardíaco, o con respuestas emocionales como irritabilidad, vergüenza y ansiedad.

Un estudio publicado en Frontiers in Neuroscience de 2022 encontró que, de los 19 participantes que obtuvieron puntajes más altos en misofonía, hubo una conexión más fuerte entre las regiones del cerebro asociadas con el movimiento y la sensación de los dedos y el área de la ínsula del cerebro, que está relacionada con las emociones fuertes, incluido el asco.

En una investigación todavía más reciente, de marzo de 2023, los autores evaluaron las experiencias de 722 voluntarios y hallaron que los sentimientos negativos hacia los sonidos que suelen ser universalmente desagradables aparecen acompañados de ira y pánico en el grupo con niveles más altos de misofonía. Al respecto, informaron sentirse atrapados o indefensos ante los ruidos, según el paper disponible en PLOS ONE.

"Puede ser un gran alivio descubrir que no estás solo, que otras personas también reaccionan de esta manera a los sonidos", señaló Gregory. De momento, se necesita más investigación para comprender las causas de la misofonía, los síntomas y posibles tratamientos.

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