Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Recibí las notificaciones

DESBLOQUEAR NOTIFICACIONES

Siga estos pasos para desbloquear

Mujeres de hoy

La obligación de ser bella

No importa la capacidad y formación profesional, el éxito y empoderamiento de una mujer se plantea actualmente desde su estética. Hoy las que quieren triunfar en la vida, autorrealizarse, deben tener una “belleza debida”. Pero como dice Susan Sontag no está mal ser o querer sentirse bella, lo malo es tener la obligación de serlo y que eso sea una fachada de autorrealización femenina.

Me parece interesante iniciar este análisis con lo expuesto por Susan Sontag, escritora, filósofa y crítica cultural estadounidense, quien en uno de sus ensayos, donde aborda temas relacionados con la belleza y el cuerpo, plantea que no está mal ser bella, lo que está mal es la obligación de serlo, como una crítica a la representación sistemática que convirtió la belleza en una forma de control.

Actualmente, lo que consumimos en redes, en medios, en publicidad y propaganda, lo que está a nuestra vista diariamente y que refleja un mandato cultural de siglos, es que el valor de las mujeres depende de la apariencia, que hay que cumplir estándares que varían según las modas, las redes sociales y sobre todo las expectativas masculinas que son los que dominan el mercado.

En este sentido, la escritora Naomí Wolf en su publicación de “El Mito de la Belleza” habla sobre las opresiones estéticas que continúan cercenado las posibilidades de existencias femeninas plenas. Frente a la fachada de autorrealización, se engendran recónditos miedos a envejecer, subir de peso, perder el autocontrol, un odio contra nosotras mismas que comienza a gestarse para envenenar la libertad de estreno. Wolf indaga que no es casual que gran parte de las mujeres padezcamos avergonzadas de esta opresión estética: “No es casual que tantas mujeres con posibilidades de poder se sientan así. Estamos en medio de una violenta reacción contra el feminismo, que utiliza imágenes de belleza femenina como arma política para frenar el progreso de la mujer: es el mito de la belleza”.

Al respecto, la belleza femenina o “belleza debida” no refiere sólo a características físicas, sino a conductas que deberían ser propias de las mujeres y que nos mantienen vulnerables a la opinión ajena, dejando a la intemperie el amor propio. Por otra parte creo que este mandato cultural, disfrazado de deseo personal y que viene de una sociedad que impone modelos de feminidad que terminan moldeando la autoestima, salud (física y mental) e identidad de la mujeres, es un mecanismo de control para oprimir el crecimiento y nuestro lugar como mujeres en el mundo.

Porque, al final, el verdadero problema no es querer ser bella siempre, sino ser bella de una determinada manera, no poder decidir mi belleza, sin dejar de sentir culpa, vergüenza o rechazo.

Después de siglos de conquistas de derechos y espacios de toma de decisiones, de luchas feministas, que han permitido a muchas mujeres el ejercicio pleno de derechos humanos básicos, hoy nos encontramos con un contragolpe cultural fuerte y presente en todos los aspectos de nuestras vidas como mujeres.

Pero volviendo a la afirmación de Susan Sontag, el conflicto con la pretensión de la belleza, no es la belleza en sí misma, sino que es una violencia de imposición que para las mujeres se vive como una obligación. En el caso de las narrativas que validan a una mujer por su apariencia física, se refuerza la idea de que el mayor poder que tienen es el de su belleza, lo que acaba siendo una forma de opresión y una subyugación a la cosificación desde una mirada masculina y patriarcal de lo que se considera atractivo.

El cuerpo de las mujeres, de nosotras, es territorio político, se comprende no únicamente como biológico sino como histórico, ya que ha sido nombrado y construido a partir de ideologías y discursos que han justificado su opresión, su explotación, su sometimiento, su enajenación y devaluación. Es un territorio con memoria, tanto ancestral como particular.

Las mujeres sufrimos la presión constante de este tipo de medios (cine, televisión, publicidad, redes sociales etc.) e industrias de la moda, cuyo producto de marketing son mujeres cosificadas y con rasgos considerados atractivos en los estándares occidentales.

En un informe del Observatorio Digital se analiza que la hiperconexión de las mujeres a las redes sociales, esta nueva manera de estar comunicadas hace que estemos más expuestas a la constante evaluación y comparación de nuestra imagen corporal y que terminen interiorizando el cómo nos califican. Genera adicción el recibir recompensas por parte de los seguidores, que puede expresarse con likes, reacciones o comentarios de aprobación. En el caso de Instagram, 32% de las mujeres dijeron que cuando se sentían mal con sus cuerpos, esta red social las hacía sentir peor (Wall Street Journal, 2021). En un experimento de 308 mujeres de 18 a 26 años, en las comparaciones de apariencia, estado de ánimo y satisfacción corporal; el pasar 7 minutos navegando por Instagram disminuyó la satisfacción de su cuerpo.

Actualmente, es usual encontrar discursos que promueven que hay que amar a los cuerpos con sobrepeso u obesidad, pero si prestamos atención se suele utilizar cuerpos en donde hay una figura de reloj: cinturas más pequeñas que hacen contraste con caderas anchas, senos y traseros grandes; en cambio, es casi nulo encontrarlo en cuerpos que tengan otros tipos de formas: espaldas anchas, con pocas caderas, piernas delgadas. La figura de reloj es estéticamente atractiva y deseable culturalmente, a excepción de otros tipos de formas corporales.

No olvidemos a todas las personas cuyos cuerpos no se ajustan a la norma (no solo por el peso); y las múltiples causas que lo llevan a ser como es, es reduccionista asumir que se da por un autocuidado negligente, puede ser hereditario o congénito, por alteraciones hormonales (como el síndrome del ovario poliquístico), por accidentes, por ser víctimas de violencia física, o por estar pasando por cierta trayectoria de desarrollo (como en caso del acné o el vello).

Volviendo al ensayo de Naomi Wolf (1991), en “El mito de la belleza”, insisto en la relación entre las cuestiones de: belleza, género, opresión y patriarcado. Wolf llegó a una conclusión importante: la belleza es el resultado del control social y del fuerte impacto del patriarcado respecto a nuestro cuerpo femenino. La mirada desde la que se califica al cuerpo femenino es desde un estándar totalmente objetivo, universal e inmutable, se nos enseña y da pautas para alcanzar ese supuesto “éxito social”.

Las mujeres estamos luchando por escribirnos a nosotras mismas, definir bajo nuestro propio criterio cómo queremos habitar y darle expresión a nuestro cuerpo. Lo estético también es político y hay que darle una intencionalidad a esa expresión del Yo.

MARIA ALEJANDRA GIMÉNEZ ZÁRATE

COMUNICADORA SOCIAL UNIVERSITARIA

Esp. en Comunicación para el Desarrollo Humano, Institucional y Legislativa.

Referencias:

Susan Stoang ( escritora-filósofa)

Noemi Wolf ( periodista autora de “El Mito de la Belleza”)

Maria Fernando Alvarado Bautista ( periodista del Observatorio Digital)

Dejá tu opinión sobre este tema
BELLEZA Bella MUJER

Más noticias

Te puede interesar

Newsletter

Suscribase a recibir información destacada por correo electrónico

Le enviamos un correo a:
para confirmar su suscripción

Teclas de acceso