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EE.UU. alista 8500 soldados y la OTAN moviliza barcos y aviones hacia Rusia

Occidente comenzó a reaccionar en el terreno militar ante la amenaza rusa en Ucrania; fuentes europeas confirmaron esta noche que Blinken y su homólogo ruso, Serguei Lavrov, volverán a reunirse

PARIS.- Tras una conferencia virtual con líderes europeos, el presidente Joe Biden aseguró hoy que existe con ellos “unanimidad total” en el conflicto de Ucrania. Pocas horas antes, no obstante, la Unión Europea (UE) llamó a Estados Unidos a evitar declaraciones alarmistas y “crisis de nervios” durante la actual crisis.

“Sabemos muy bien cuál es el grado de las amenazas y la forma de reaccionar. Es necesario evitar jugar con nuestros nervios y las reacciones alarmistas que tienen incluso consecuencias financieras”, advirtió Josep Borrell, responsable de la diplomacia europea, al termino de una reunión virtual con el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken.

La declaración, de una inusitada severidad, dejó al descubierto el descontento de los europeos ante la “dramatización” de parte de Estados Unidos de la situación en Ucrania, su insistencia sobre una posible invasión “en cualquier momento” y la decisión de hacer partir las familias de los diplomáticos basados en Kiev. Contrastó al mismo tiempo con la afirmación del presidente norteamericano, quien calificó la hora y media de videollamada con varios líderes europeos de “muy, muy, muy buena”.

La diplomacia funciona. “Estados Unidos responderá por escrito a las exigencias de Rusia y nosotros fuimos consultados sobre esa respuesta”, agregó Borrell. Fuentes europeas confirmaron esta noche que Blinken y su homólogo ruso, Serguei Lavrov, volverán a reunirse. Y que, en el marco de una iniciativa de diálogo europea, el presidente francés, Emmanuel Macron, hablará con Vladimir Putin en los próximos días.

Como hace días, Moscú volvió a denunciar una “histeria”, acusando a Washington de “exacerbar las tensiones con anuncios y acciones concretas”.

En todo caso, frente a la amenaza de una invasión rusa a Ucrania, Occidente comenzó a reaccionar en el terreno militar en las últimas horas. El Pentágono anunció hoy haber puesto en estado de alerta máxima a 8500 hombres para ser desplegados en Europa del este en caso de necesidad, mientras la OTAN hacía lo mismo, anunciando el envío de navíos y aviones de combate para reforzar la defensa de esa zona.

“Dinamarca envía una fragata al mar Báltico y se apresta a desplegar cuatro aviones caza F-16 en Lituania, para reforzar la misión de policía aérea de larga data en la región” anunció la Alianza ayer en un comunicado.

La organización basada en Bruselas también informó que España enviará navíos que se sumarán a las fuerzas navales de la OTAN y estudia la posibilidad de colocar aviones de combate bajo el comando de la OTAN en Rumania.

“Holanda hará los mismo con dos aviones caza F-35, desplegados en Bulgaria a partir de abril para apoyar las actividades de vigilancia de la OTAN, colocando en alerta un buque y unidades terrestres para la Fuerza de Reacción de la organización”, agrega el texto, precisando que también “Francia se declaró dispuesta a enviar tropas a Rumania bajo comando de la Organización Atlántica”.

En las negociaciones en curso entre Estados Unidos y Rusia —a las cuales los europeos no fueron invitados— Moscú exige un compromiso escrito sobre la no-ampliación de la OTAN a Ucrania y Georgia, y un retiro de las fuerzas y los armamentos de la Alianza Atlántica de los países de Europa del este, que se incorporaron a la OTAN después de 1997. Sobre todo Rumania y Bulgaria, ambos miembros de la UE.

Anthony Blinken se comprometió a “precisar sus ideas por escrito”, pero esas exigencias son inaceptables para los occidentales.

Moscú por su parte repite que no tiene intención de intervenir en Ucrania, pero sigue apoyando las reivindicaciones de los separatistas pro-rusos del Donbass, en el este del país, desplegando más de 100.000 militares en la frontera ruso-ucraniana. El 18 de enero, el Kremlin comunicó además el envío de una flota sin precedente que debe concentrarse en el Mediterráneo. Desde el Báltico partieron seis buques de desembarco capaces de transportar 60 tanques y 1800 infantes.

Al mismo tiempo, Rusia y Belarús anunciaron la organización de unas maniobras militares con el objetivo de prepararse a “repeler una agresión exterior”, que deben realizarse en aguas internacionales, pero a 240 kilómetros al sudoeste de las costas de Irlanda. O sea, exactamente en el límite occidental de la Unión Europea (UE).

El proyecto provocó la inmediata condena del ejecutivo irlandés: “Esas maniobras no son ni deseadas ni bienvenidas en este momento”, advirtió ayer Simon Coveney, ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda.

Inquietos, los expertos militares afirman que, si esos buques llegaran al mar Negro, podrían permitir a Moscú un asalto contra las costas ucranianas, y consideran la maniobra como “una línea roja” que abrirá un nuevo frente septentrional. Los politólogos, por su parte, estiman que se trata de un nuevo medio utilizado por el Kremlin para aumentar la presión en momentos en que las negociaciones no avanzan.

Para pesar en las tratativas, Vladimir Putin mantiene una estudiada ambigüedad sobre las posibilidades de escalada, aludiendo a una eventual respuesta “técnico-militar”. Es decir, ciberataques, ataques aéreos limitados, instalación de misiles nucleares en Crimea… hasta el escenario maximalista de una incursión en el este de Ucrania o una invasión de gran envergadura desde los flancos este, sur y norte de ese país vecino.

“Esperamos que no habrá ataque. Pero, si así fuera, estamos dispuestos a responder con sanciones económicas y financieras masivas”, advirtió el jueves la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.

En ese clima de extrema tensión, Estados Unidos y Londres ordenaron ayer la evacuación de familias de diplomáticos basados en Kiev y aconsejaron a sus ciudadanos evitar ese país. Australia siguió el ejemplo, solicitando partir a sus nacionales presentes en Ucrania. Washington también pidió a los estadounidenses que no viajen a Rusia, donde podrían ser víctimas de “acoso” o de “una aplicación arbitraria de las leyes locales”.

“Respetando el derecho de los Estados de asegurar la seguridad de sus misiones diplomáticas, consideramos que la decisión de la Casa Blanca es prematura y excesiva”, reaccionó el portavoz de la diplomacia ucraniana, Oleg Nikolenko. Por su parte, la UE no parece dispuesta a seguir el ejemplo de Estados Unidos.

“Creo que no hay que dramatizar la situación y que, menos que Estados Unidos nos de informaciones que lo justifiquen, debemos permanecer en Kiev”, declaró ayer Josep Borrell.

Principal interesado, Kiev quisiera que las sanciones estudiadas sean aplicadas desde ahora, además de recibir mucha más ayuda militar, sobre todo artillería antiaérea. Contrariamente a las exigencias del Kremlin, Ucrania ya recibió gran cantidad de equipamiento y ayuda militar de sus socios occidentales desde principios de año.

El 19 de enero, Washington anunció su intensión de transferir helicópteros de transporte militar a Ucrania. Desde 2014, Estados Unidos entregó el equivalente de 2400 millones de euros de ayuda militar a Kiev. El departamento de Estado también autorizó a los países bálticos a enviar armas letales y no letales de fabricación estadounidense, incluidos misiles antitanque Javelin. Después de haber ayudado a Kiev a reconstruir su marina, Gran Bretaña le entregó a su vez armas antitanques.

TENSIÓN POR UCRANIA
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