Los ocasionales transeúntes y habituales caminantes de la populosa calle Junín, al mismo tiempo que andaban a los saltos para escaparle a la intensa lluvia de una tarde de día miércoles de enero y a los charcos indeseables que va a dejando el agua caída, mojando hasta las partes más impensadas; no salieron de su asombro al observar la garita municipal de la céntrica Plaza Cabral, donde –como dice el refrán- “llueve más adentro que afuera”.
Igualmente, sus ocupantes –empleados municipales- y visitantes de ocasión, se amañaron para escaparle a las goteras y con un ramillete de baldes, tachos y contenedores de cualquier tipo, intentaron lo inevitable, que el lugar se inunde.