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Última ratio

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Crédito: 146777

Tiempos excepcionales requieren respuestas también excepcionales. Lo novedoso nos requiere especialmente agudos, nos interpela, nos empuja hacia un lugar inesperado. Salir de nuestra zona de confort. Ya no buscamos, eso nos encontró. Estamos frente a una crisis civilizatoria, la dimensión de lo que nos era ajeno nos cubre, nos envuelve, en el peor de los casos se introduce en nosotros y nos habita, el Covid-19 satura el BIOS, pero asimismo lo emergente de lo corpóreo, nuestra psique,  los vínculos que construimos desde allí. Somos interacción humana, lo descubrimos en el intercambio. Justamente crisis viene del griego krisi, roto, y este del verbo krinei que significa separar; la idea es separar para analizar lo roto.


Al Derecho penal le llaman la última ratio (último argumento posible), ratio significa razón, viene del latín y significa cociente de los números, es decir división.


El sistema penitenciario alberga la crisis de la última ratio. Contiene lo dividido y lo roto de un ambiente actual que se revela tóxico y autodestructivo.


Curiosamente para generar inmunidad al virus debemos incorporarlo, hacerlo parte de nuestra información genética y volverlo inocuo mediante cadenas de aminoácidos. Lo que debiéramos hacer también con quienes han mostrado conductas antisociales; contenerlos en un sistema de relaciones que lo sobrepongan de su hostilidad.  Pero aún nos falta un elemento sistémico, identificar las condiciones que dieron origen al emergente disruptivo. Ahí radica el problema, determinar si hay algún orden sistémico o si en realidad siempre hubo otra cosa, de la que nada sabíamos constituyéndose en nuestra propia oscura ignorancia, operando en la reproducción de un ambiente humillante que nos devuelve fieras y pestes.


El Derecho Penal es el último escalón de la razón de Estado y su contraparte es la Criminología, como la doble hélice del ADN hacen a la estructura de eso que vemos en forma de instituciones, juzgados, cárceles. Lo que colapsó en el marco de la pandemia, con violencia y muerte en el Penal 1 de Corrientes. El carácter inflamatorio de lo incidental no debe hacernos perder de vista la disfuncionalidad de un tejido imposibilitado de desarrollar la labor que se espera de él. “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que ella exija, hará responsable al juez que la autorice”, reza el art. 18 de nuestra Constitución nacional, y claramente no está posibilitado el edificio del penal 1 en el marco descripto por la carta magna, ni su personal capacitado en DD.HH, de modo que entiendan y acepten sus limitaciones en el ejercicio de cualquier práctica que vulnere los derechos ciudadanos.


La pandemia nos pone en una situación de excepción a todos, entregamos libertad ambulatoria a cambio de salud, permitimos se nos diga cómo actuar para poder seguir vivos y acceder a lo esencial para subsistir. Nos volvemos transparentes para el Estado que registra nuestros datos de identidad y crea un puente digital sincrónico con nuestros teléfonos móviles si pretendemos algún beneficio de anses. No hay lugar para secretos, las verrugas mentales como los delirios podrán ser reconocidos y controlados como las plagas. Pero antes o en simultáneo advierto, que también los agentes del orden los tienen (verrugas mentales y delirios), que también son humanos, que la sociedad engendra sus monstruos en un caldero de prejuicios y vanidades, que la razón de Estado puede convertirse en “el sueño de la razón que engendra monstruos”, como lo afirmó Francisco de Goya y Lucientes.


No queremos ver que el menosprecio engendra resentimiento, que la actividad criminal atraviesa los muros de las cárceles introduciéndose en estamentos decisorios. No somos conscientes de la oscuridad que nos constituye al pensarnos ajenos y distantes cuando somos contribuyentes entusiastas de la maquinaria de deseos al comprar lo que debiéramos según los parámetros del deber ser del confort a escala mundial, lo que nos habilita la interrupción de cualquier ligamen con quien no posea, tenga, ostente, actúe o hablé conforme los estándares 'normales'.


Mónica Alicia Colunga

Abogada MP 5979

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