La gente sigue pagando, no solo con dinero, un pésimo servicio de colectivos, fundamentalmente en frecuencias, sino que –además- debe esperar tediosos minutos al aire libre sin ningún tipo de refugio. Al agobio de 40 grados de sensación térmica que castigan estos días.
Lo hacen aguardando que llegue a las cansadas alguna unidad del transporte y de encontrar la bendición de algún arbolito de vereda que siga en pie para dar albergue a tantas personas en las paradas.
Mientras tanto el boleto del transporte público de pasajeros en la ciudad de Corrientes ya vale $30. Uno de los más caros del país.
A todo esto, de manera sarcástica, el pueblo se resiste a la modernidad de los refugios (si encuentran uno) en las paradas de las unidades. Está visto que si los correntinos no cambian de mentalidad no tendrán un buen futuro. Por ello seguirán esperando bajo el árbol hasta que se caiga alguna solución.