En medio de la celebración de la Cruz de los Milagros y el Domingo del Buen Pastor, el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, y los obispos de Goya y Santo Tomé imploraron la intercesión de la Virgen de Itatí para acabar con el coronavirus y el dengue.
La festividad de la Cruz de los Milagros, una de las celebraciones religiosas más importantes de la ciudad de Corrientes, tuvo ayer su epicentro en un contexto extraordinario circunscripto al aislamiento social y las posibilidades que brinda la tecnología.
El arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, presidió a partir de las 16 la ceremonia litúrgica central en la iglesia Santísima Cruz de los Milagros, ubicada sobre calle Belgrano entre Buenos Aires y Salta, sin público y sólo con la presencia de colaboradores.
La misa pudo llegar a todos los rincones de Capital y el interior a través de la cuenta oficial de Facebook “Arquidiócesis de Corrientes” y la cuenta de YouTube “Misa Tv ArzCorrientes”. También se sumó la señal de FM San Cayetano 102. 5 Mhz.
En el recuerdo de los sacerdotes presentes quedaron las tradicionales peregrinaciones y visitas de las imágenes al templo, ahora suspendidas para evitar la propagación del virus.
Por la mañana, a las 10, el obispo de Santo Tomé, Gustavo Montini, celebró en la parroquia Inmaculada Concepción el IV domingo de Pascua y la Jornada Mundial de las Vocaciones.
Más tarde, a las 19:30, el obispo de Goya, Adolfo Canecín, se unió a los pedidos ante la Virgen. Todas las misas fueron transmitidas a través de las redes sociales y emisoras locales.

Énfasis en la perspectiva de los hechos
Antes de la homilía, el monseñor Stanovnik saludó a los profesionales de la salud y reconoció su trabajo, sobre todo ante la posibilidad de enfermarse. También se dirigió a los que mantienen aislamiento por el COVID-19 y seguían la misa desde sus habitaciones. “No teman, mantengan firme la esperanza y siéntanse abrazados por Jesús”, les dijo. Primero llamó a aprovechar positivamente los límites espaciales que impone la cuarentena en los hogares. “Trabajar allí con paciencia los vínculos con nuestros semejantes, que respeten la diversidad del otro y de la naturaleza”, expresó.
El cura mencionó una fábula en la que el personaje (un surubí) acepta la realidad de vivir en un río pese a los deseos de sus compañeros de llegar al mar. “Hay que contenerse con gran fuerza dentro de los límites del charco en que Dios nos puso. Hay que saber caber en su molde y apretarse adentro de la propia horma, y hacer el gusto a lo poco”, trajo el sacerdote para llevar un mensaje de resignación, fortaleza y sabiduría para superar la cuarentena.
“Algo semejante sucede con la cruz: todos vemos la misma forma del madero, pero para algunos no significa nada. En cambio para los creyentes, la cruz de Jesús es la principal fuente de vida, de amor y de felicidad”, añadió en relación a la festividad central.
Súplicas a la Virgen
Al finalizar la Eucaristía en cada una de las tres misas, los sacerdotes se dirigieron a la imagen de la Virgen de Itatí de sus templos. A ella suplicaron y pidieron protección y liberación ante “los males del dengue y el coronavirus”. En comunión oraron por los médicos, científicos, líderes políticos y enfermos involucrados en la pandemia. “Que las grandes sumas destinadas a armamentos sean dirigidas a prevenir males futuros”, coincidieron al unísono con pedidos del papa Francisco por soluciones económicas y sociales de largo alcance.