El arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, recibió el tradicional saludo navideño por parte de laicos que se acercaron hasta el Arzobispado junto al ballet Divino Niño.
Como cada 25 de diciembre, el Arzobispo de Corrientes recibe a los fieles para compartir el tradicional saludo de Navidad. En la sede de Arzobispado, monseñor Andrés Stanovnik recibió a fieles y laicos, quienes acercaron su mensaje navideño. Tras las salutaciones que se leyeron, hubo espacio para que el ballet Divino Niño comparta varios chamamés. Monseñor agradeció y dio un breve mensaje.
Como no podía ser de otra manera, tras casi cinco meses de ausencia física en la Arquidiócesis, monseñor Andrés Stanovnik compartió su experiencia luego de haberse sometido a una cirugía que le requirió varios meses de recuperación en Buenos Aires.
“En primer lugar, muchas gracias por las presentaciones hermosas, las palabras y deseos. Agradezco que la Arquidiócesis se moviera tan bien en estos cinco meses de ausencia. La fortaleza del pastor es a consecuencia de la fortaleza de fe de su pueblo”, dijo.
Luego, relató los momentos que vivió durante su recuperación tras la cirugía: “Eramos unos cuarenta compañeros con cuadros diversos, algunos con post operatorios igual que el mío, y me decían ‘estás contento ahora que volvés‘, y sentí que nunca me fui. Sentí muy cerca la oración de la comunidad expresada de tantas maneras”, sostuvo.
“Fue una experiencia extraordinaria la de este año. La agradezco. Quiero decirles que una adversidad no es una desgracia. Depende de cómo cada uno se para frente a la adversidad”, destacó.
Mirar el Pesebre desde la Cruz
En su mensaje pastoral, Stanovnik señaló que “el Pesebre es el primer gesto de Dios de una confianza total en el ser humano, a pesar de todo. Pero confianza que significa ponerse en el lugar nuestro, comer con nosotros todos los días. El Pesebre, que es ternura, alegría, es necesario mirarlo desde la Cruz; pero no sólo la Cruz, sino la Cruz con la Muerte, Resurrección y la Eucaristía”.
“Si queremos formar una pareja o una familia, el único camino posible es este. No hay, hasta hoy, en las culturas de la humanidad, una sabiduría tan inclusiva, tan profundamente humana como la que nos propone Jesús”, puntualizó. “Somos creyentes, llamados a ser testigos con nuestras vidas”, finalizó Monseñor.