Lo dijo el Arzobispo en la homilía que brindó durante la misa por la solemnidad de Corpus Christi, que se realizó ayer por la mañana, sin fieles, en la iglesia Santa Rita.
La Iglesia Católica celebró ayer la solemnidad de Corpus Christi y, en ese contexto, en la Capital provincial se realizó una misa en la iglesia Santa Rita, la cual fue presidida por el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik. Por las medidas vigentes para evitar la propagación del coronavirus, la ceremonia se desarrolló sin fieles en el templo, pero fue seguida por más de 3.000 personas a través Facebook.
MOTIVO
Vale recordar que en el día de Corpus Christi se conmemora la institución del sacramento de la eucarística, que es la presencia del cuerpo y la sangre real de Jesús, bajo la apariencia del pan y del vino. De allí el culto supremo que le rinden las iglesias católicas y ortodoxas.
Durante la misa, que se desarrolló por la mañana, el Arzobispo inició su homilía lamentando no poder estar junto a los feligreses, "alrededor del altar del Señor para compartir el pan de la palabra y el pan de la eucaristía", y deseó "superar pronto esta adversidad (la pandemia) para volver a encontrarnos y sentirnos pueblo de Dios, uno junto al otro, peregrinos y fortalecidos por el alimento que nos da la vida verdadera".
Continuando con lo anterior, dijo: "Vamos aprendiendo a transitar este tiempo, tratando de asumir lo mejor posible el pequeño espacio que tenemos para 'partirnos' como el pan, y estar al servicio de aquellos con quienes convivimos en nuestra vida diaria, con paciencia, soportándonos unos a otros con la mejor disposición para hacer más llevadera la vida de todos".
Luego, reflexionó sobre que "esta realidad y los demás aspectos de la reducida vida laboral y social, y teniendo presente a muchos que están prestando servicios para que la vida de la comunidad no se vea aún más afectada, nos tiene que llevar a descubrir, a ver y a vivir la presencia de Dios y su actuación aún más cercana y con nuevos beneficios, en comparación con aquella que vivíamos en la llamada anterior normalidad".
En otro tramo de su alocución, apeló a la memoria del pueblo, dado que "el ser humano se encuentra siempre en riesgo de perder la memoria o de utilizarla en daño propio" y, en ese sentido, argumentó: "Hoy estamos corriendo ese riesgo cuando olvidamos que fuimos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; que al amor de Dios nos abrazó desde los orígenes de nuestro pueblo en el signo de la Cruz de los Milagros; que ese amor se manifestó a través de más de cuatro siglos en nuestra tierna Madre de Itatí; y que a lo largo de nuestra historia nos iluminó e instruyó con la palabra, alimentó con la Eucaristía, y fortaleció para poder peregrinar como pueblo, abierto y generoso con los hombres y mujeres que venían de otras partes a convivir entre nosotros en este suelo".
Posteriormente, destacó la fidelidad de Dios pese a las faltas que puedan cometer los seres humanos. "Aún en medio de graves infidelidades al amor de Dios, que nos fue predicado desde los orígenes, como fueron las ambiciones que nos llevaron a enfrentamientos estériles, el abandono en el que dejamos a los pobres y desvalidos, y el maltrato que ocasionamos al ambiente en el que vivimos, Dios no nos abandonó", subrayó.
Por lo anterior, instó a mantener viva la memoria durante la cuarentena "mediante la oración y con el amor convertido en servicio generoso y humilde hacia quienes nos debemos por lazos familiares, o hacia quienes tenemos responsabilidades por la función que nos fue encomendada".
Haciendo referencia al Santísimo Sacramento, consideró que la situación actual "brinda la providencial ocasión para recorrer con él los espacios interiores de nuestra propia vida y dejar que su presencia los ilumine, purifique y transforme en lugares sensibles, disponibles y acogedores de todos, especialmente de aquellos a quienes más nos cuesta perdonar y tratar con paciencia, de aquellos que considero inferiores y despreciables, o de quienes tiendo a hablar mal por el sólo placer de dañarles la fama".
Para concluir, planteó que "nos hará mucho bien darnos un tiempo de silencio, o de colocarnos delante del Santísimo Sacramento, que en este tiempo de aislamiento social se encuentra expuesto en alguna de las redes sociales y abrirle la puerta y suplicarle que actúe con su poder transformador en nuestra vida".