La ahora medianamente aceptable medición oficiosa del INDEC, conocida a principios de año (marzo), detectó un 51% de pobreza en la sociedad correntina, transformándola en la comunidad más pobre del país. Situación que en los doce años anteriores a la gestión de Mauricio Macri, nunca se había registrado.
El gobierno correntino respondió tibiamente ante semejante medición oficial, que le remarcaba una desastrosa política salarial, abonándose cada semana alguna remuneración estatal, bajo la figura de sueldo, plus, sobre plus, adelanto, etcétera. La respuesta correntina ante la medición nacional fue: “se va a implementar una encuesta de hogares propia que, más que seguro, dará indicadores muchos mejores que los porcentajes del INDEC”.
En otras palabras, el gobierno correntino iba a encargar su propia encuesta, intentando desacreditar al instituto nacional de mediciones. Otro desacierto, porque esa ‘encuesta correntina’ nunca se implementó.
Adobada seguramente por los constantes anuncios salariales o adelantando mínimos incrementos (5%), Corrientes siguió liquidando los salarios más bajos del país. Lo único que se consiguió con todo esto fue empujar, siempre abajo, al asalariado estatal, con un sueldo cada vez más cerca de la indigencia que de la línea de la pobreza. Indignante por donde se lo mire.
Sorpresivamente, como por arte de magia, el enojo gubernamental hizo pulverizar la pobreza correntina en casi un diez por ciento, reduciéndola de aquel 51,2% de pobres a una escasamente creíble 41% informado por el propio INDEC que, como se sabe, mantiene las mismas bases que supieron manipular los índices del costo de vida y de pobreza e indigencia hasta hace poco tiempo.
Lo más lamentable de todo esto es que para hombres y mujeres, dirigentes bien nacidos de una provincia empobrecida; no se trata solo de números, de estadísticas, de proyecciones, de cifras, de frías mediciones y si el “yo o vos”, son los dueños de las versiones.
En el medio están más de 400 mil correntinos que la pasan muy mal cada jornada. Personas mayores, ancianos, adultos, jóvenes, adolescentes, niños, varones y mujeres, en la diversidad de una sociedad que nunca encuentra sobradas razones como para creer que la pobreza en Corrientes se soluciona con una mayor o menor medición, con un peor o mejor indicador de miseria. Por si no se sabe la carencia social se empieza a solucionar –durante períodos que duran varios años- con verdaderas políticas de inclusión a partir del trabajo y de poder comer dignamente cada día.
Mientras subsistan estos hombres y mujeres, correntinos todos ellos, por encima del 40% de pobreza –solo por ser cuasi generosos-, ningún estadista administrador del estado provincial o municipal, debería pegar la cabeza a la almohada, para descansar o dormir en paz.
En tanto el presidente Macri, en uno de los escasos aciertos que se le pueden endilgar asume que “hay que mirar fríamente estos números de la pobreza (35% se incrementó 3,4%) y asumir las consecuencias”; por estas latitudes –en el NEA subió 2,4% la verticalidad correntina que dijo “bajar la pobreza” en un 7,8%; se pelea para acertar si son 50, 40 o 30 los porcentajes de comprovincianos marginados a la pobreza. Una verdadera vergüenza provincial.