Un cachorro de carayá fue aceptado dentro del núcleo de otros ejemplares rescatados. Un carau, ave típica correntina, fue hallada y salvada con la colaboración de personal del Ministerio de Producción. Y una osa melera, que había sido atacada y rehabilitada, fue devuelta a su tierra. Relatos esperanzadores.
Mientras reciben visitas en vacaciones de invierno en el predio ubicado en el paraje Arroyo San Juan, cercano a Paso de la Patria, desde el Centro de Conservación de Fauna Silvestre mantienen, con su unidad especial de rescate, una actividad intensa. Desde la liberación de la osa melera Virasora, el rescate de un búho caracolero atacado por niños con hondas, hasta la adopción de un cachorro de carayá por dos ejemplares adultos dentro del mismo centro son algunas de las experiencias que se registraron durante julio.
Desde su página oficial en la red social de Facebook, los rescatistas de la Dirección de Recursos Naturales dan cuenta de su trabajo permanente. No siempre visible, algunas veces difícil y hasta angustioso, pero también gratificante y esperanzador, según el caso.
El Día de la Bandera, el 20 de junio, ocurrió uno de los casos para lamentar. Se trata de un tucán herido encontrado por vecinos del barrio El Cosmo, de Caá Catí. Pese a que lo resguardaron en un lugar cálido en la comisaría, los esfuerzos por salvarlo fueron insuficientes.
“El oficial Lapuente debía cumplir con su deber de llevar la bandera a la celebración en la plaza de la ciudad. Después de entregarnos el ejemplar y darnos la información correspondiente, llevó la bandera con sus escoltas caminando hasta la plaza. En el Centro de Conservación ‘Aguará’ también era feriado, pero desde temprano tenían todo preparado para recibir al tucán. Lamentablemente, no llegó con vida”, relataron.
Entre el rescate de una comadreja colorada en el predio de una concesionaria de autos sobre la ruta 12, otra mona adulta en el barrio 17 de Agosto, y un carau –hallado en el edificio del Ministerio de Producción– que fue liberado en un curso de agua de San Luis del Palmar, julio no dio descanso a la tarea. Pocos días después, en el barrio Santa Margarita, de la capital, encontraron un ejemplar macho de carayá sin vida.
A su lado, hallaron a una cría pequeña. Así comenzó otro capítulo, esta vez con ilusiones. Y hubo también buenas noticias: “A pesar del intenso tráfico de fauna, el mascotismo y las muertes de las madres en los centros de rescates, hay una esperanza”.
En el Centro de Conservación “Aguará”, una familia de monos conformada por individuos de diferentes edades y distintos lugares se eligieron entre ellos para convivir.
Los carayás son seres sociales que viven en grupos familiares cuyo tamaño y estructura son variables y dependen de la disponibilidad de los recursos. Generalmente, están integrados por 5 a 19 individuos, que incluyen a un macho dominante, otros subordinados, algunas hembras adultas, varios juveniles y crías, pero también se pueden encontrar tropas formadas solo por machos o hembras, por parejas monógamas y por machos o hembras solitarios.
Vivir en sociedad les brinda protección contra depredadores e individuos de otros grupos de la misma especie, defender su territorio y la posibilidad de despiojarse entre ellos. Cuando quedan solos la supervivencia se ve muy comprometida.
En Aguará coincidieron una mona adulta rescatada en el barrio Santa Rosa, en febrero de este año, un macho adulto rescatado en la avenida costanera en 2015, un macho subadulto rescatado durante un operativo de la Dirección de Recursos Naturales con la Policía Rural e Islas en Saladas en 2017 y un infante macho, rescatado en forma reciente en el barrio Santa Margarita.
El grupo de adultos y subadultos se fue armando de acuerdo con sus edades y comportamiento, pero el infante eligió a la pareja como sustitutos de sus padres. Y ellos lo aceptaron.
Virasora, libre
Otra grata novedad fue la liberación tras su rehabilitación de una osa melera llamada “Virasora”. Fue rescatada en el Municipio de Gobernador Virasoro el año pasado.
Había sido atacada por perros y tenía una herida profunda en el abdomen. Fue tratada inicialmente en la Veterinaria Argentina, en Virasoro, donde se le hicieron los primeros auxilios, la cirugía para reconstruir su herida y primeras semanas de recuperación.
Luego fue trasladada a Centro Aguará para concluir su tratamiento, que llevó 6 meses más. Ya del todo recuperada, se la trasladó nuevamente para ser liberada en su lugar de origen.