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Raúl Barboza, el embajador chamamecero

El músico, de 85 años, está radicado en Francia desde 1987. Sobre su espalda tiene una importante trayectoria dentro del chamamé y el folclore argentino. La UNNE lo nombrará doctor honoris causa, el próximo viernes 12, en el marco de la Fiesta Nacional del Chamamé.

Como dice el profesor Enrique Antonio Piñeyro se puede afirmar que Raúl Barboza es el gestor de un idioma y de un sonido musical que marcó un antes y un después en la historia del chamamé. Ha interpretado el chamamé en boliches, teatros y festivales, donde llevó la música del Litoral por todo el mundo.

Primeros pasos

Mario Raúl Barboza viene de una familia de provincianos, su padre Adolfo era curuzucuateño y guitarrista de chamamé, y su madre, santafecina. Transcurrió su infancia en el barrio porteño de La Boca. A los ocho años su padre llegó a su casa y le mostró un acordeón de dos hileras. Cuando Barboza aprendió las primeras notas, tocó por primera vez en una iglesia de Olivos y grabó, a los doce años, su primer chamamé para el conjunto Irupé; una obra de su papá titulada La Torcaza.

Posteriormente, a este chamamé Leopoldo Polito Castillo le compuso una letra.

Su casa era un ambiente donde los amigos de su papá pasaban a saludarlo o compartir musiqueadas. En una de esas visitas, Barboza conoció a Ramón Estigarribia, el popular Yaguareté de las Selvas Correntinas, que se quedaba observándolo interpretar el acordeón. También, Raúl miraba con atención y admiración a Ernesto Montiel que en aquellos años dirigía su populoso Cuarteto Santa Ana y actuaba en el Teatro Verdi, del barrio de La Boca.

"Yo quería hacer conocer los temas

que en otros

lugares, llamados

tradicionalistas, no

se querían escuchar

o no los dejaban tocar. Yo estaba a favor de los jóvenes músicos"

RAÚL BARBOZA ARTISTA CHAMAMECERO

Los caminos en la música no fueron fáciles. Integró el conjunto de Damasio Esquivel y es allí cuando, a los trece años, le pidió a su padre un bandoneón, pero seguramente había visto que era un costo muy alto adquirir ese instrumento, se enteró que los hermanos Anconetani, italianos dedicados a la fabricación de acordeones, daban la posibilidad de pagar un instrumento en cuotas. Adolfo le puso un acordeón cromático en el regazo a su hijo Raúl.

Varios instrumentos

Como dijimos anteriormente, el primer instrumento de Raúl fue un acordeón de dos hileras diatónico de dos notas, luego adquirió uno de la firma Anconetani, y que dicha fábrica le hizo otra más que se rompió en Francia. Por sugerencia de su esposa, Raúl le regaló a la firma de los italianos el instrumento, que hoy lo exhiben en el museo del acordeón de la calle Guevara al 400, en el barrio de la Chacarita. Otro de los instrumentos es un acordeón de la firma Piermaria, por el cual el músico siente un amor tan profundo que lo acompaña en cada presentación.

Varias participaciones

Es casi imposible comentar todos los conjuntos en orden cronológico en los que participó Raúl Barboza. Dentro del rubro chamamecero podemos recordar que grabó con Damasio Esquivel, Dominguito Espinoza, Odilio Godoy, Armando Nelli, y con Polito Castillo solo por citar algunos. También, para las cantantes Ramona Galarza, Argentina Rojas, Ginette Acevedo, Jovita Díaz y María Helena, y para otros artistas del folclore de nuestro país como Ariel Ramírez, Los Indios Tacunau, Los Chalchaleros, Los Fronterizos,Víctor Velázquez y Alfredo Zitarrosa, entre otros.

El éxodo

Raúl cuenta en una entrevista que formó su propio conjunto a los 18 años. En ese momento, emprendió una gira por la provincia del Chaco y le fue mal porque en los lugares que se presentaba llovía y además a la gente de esos pagos no le gustaba su música. Su forma de interpretar el acordeón era diferente a lo que se ejecutaba en aquel momento. Sin plata, emprendió su regreso a Buenos Aires y su padre lo contactó con el pianista Ariel Ramírez, que buscaba un instrumentista. Cuando Raúl acepta, graba la obra Los inundados.

Después vendrá nuevamente su intento de etapa solista y formó un trío. Llegó su consagración en 1963, en la ciudad de Posadas, en el Primer Festival del Folclore. Cuando regresó a Buenos Aires fue contratado por el sello Columbia y grabó sus primeros discos. Lo acompañaron Juancito, El Peregrino, y José Medina en las guitarras. Raulito, con el paso de los años, evolucionó en interpretación y sonidos regalándonos más de 40 discos.

Raúl comenta en otro diálogo que a él no lo contrataban los productores de las pistas porque no llevaba gente y sentía que viajar a Francia no fue un golpe de locura. Lo recuerda de esta manera: "Yo ya había ido a Rusia y a Japón, había vivido con mi señora en Brasil… Entonces, mi viaje a Francia fue un viaje más, era para quedarme tres meses… Lo que pasó es que me ofrecieron tocar en el Trottoirs de Buenos Aires, pero en noviembre, y mi visa comenzaba el 25 de mayo y terminaba en agosto… ‘¿Y qué hacemos?’, le dije a mi señora, porque de quedarnos perdíamos el billete de vuelta… A ella le gustó la idea de quedarnos y a partir de ese momento surgió todo: la decisión de quedarnos nos impidió volver, porque ya no teníamos ni el pasaje ni el dinero para regresar".

Músico contemporáneo

En una conversación de agosto del año 2010, Raúl le explicó al difusor Carlos Mange Casís lo que es hacer chamamé y decía lo siguiente: "Yo nunca estuve contra la corriente, sino a favor de la corriente, pero en otra canoa. Yo quería hacer conocer los temas que en otros lugares, llamados tradicionalistas, no se querían escuchar, o no los dejaban tocar. Yo estaba a favor de los jóvenes músicos. Trato en lo posible tocar temas tradicionales, porque lo he vivido con ellos, me crié con ellos, o soy contemporáneo de mi música y suelo tocar en Europa con gente árabe, rumanos, africanos, pero siempre toco mi música en la que ellos están inmersos".

Es más que merecido el título de honoris causa que recibirá este embajador del chamamé. En la sangre de Raúl corre raíces guaraníticas y qué mejor homenaje en la tierra de sus ancestros.

La voz del viento: el documental que proyectarán en el patio del Instituto de Cultura

En el marco del ciclo Cine Chamamecero presentarán el documental La voz del viento basado en la vida y música de Raúl Barboza en el patio del Instituto de Cultura, de la provincia de Corrientes. Será, a las 21, con entrada libre y gratuita. El director es Daniel Gaglianó y la obra reúne ensayos y presentaciones artísticas del intérprete del acordeón.

Otras presentaciones

También, en la misma noche, a las 20, se presentará el videoclip Canto y creo de la cantante Mirian Asuad.

En tanto, el Departamento Audiovisual del Instituto de Cultura, que encabeza el cineasta Manuel Ibarra, proyectará Rarezas chamameceras. El resultado de un trabajo de investigación que permitió rescatar momentos únicos, como el chamamé original que se grabó para la película El lado oscuro del corazón (1992), un video del recientemente fallecido Ramón Ayala, de 1948, una definición de chamamé de 1962, entre otras destacadas obras que resultaron de una ardua labor de recuperación.

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