En la semana de las elecciones es bueno reflexionar sobre una sociedad acostumbrada a la nada misma. Sin reacción, sin movilización, sin ninguna sensación. Ni buena, ni mala. Los malos ejemplos abundan, pero nada hace tronar el escarmiento.
A partir del 49,3% de pobreza informada y confirmada por el INDEC. Algo que se intentó desacreditar con una “encuesta propia”, para desarticular aquellos números lacerantes. Quedó solo en un amague. Y la pobreza continúa y se agiganta.

Las obras fastuosas de gobierno que, más allá de sus montos millonarios, solo duran un mes. Como ocurrió con el murallón del centro de educación física que está junto a la escuela Regional. Inaugurado hace un mes y avasallado por el último aguacero, dejando enormes dudas sobre sus estudios previos.
La millonaria avenida “Jorge Romero” que demandó ocho años de trabajo, junto con la avenida costanera sur; a cambio de otros tantos millones de dólares. Para que se fueran ante la primera sobrecarga de agua. Como ocurrió con los socavones de la conexión entre la avenida de los barrios Trujillo y San Benito; y su desembocadura en el Paraná. Ahí está el papelón más grande de la ciudad, esperando justicia, a cielo abierto.
Lo mismo ocurre con las obras demoradas, postergadas o suspendidas, como el mega emprendimiento de la Coca Cola y el segundo puente con el Chaco; junto con otras obras incumplidas del afamado plan Belgrano que solo se fue en pronunciamientos o bien inauguraciones en otros puntos del país. Al margen que su titular es un correntino.

Corrientes es la ciudad del lodo eterno. Cumplió 431 años con todo este cotillón electoral y magras realizaciones, junto con grandes frustraciones, para una capital que ha ido retrocediendo vertiginosamente durante los últimos dos años, profundizando la decadencia provincial de las dos décadas transitadas en manos del atraso y la conservación.
Para la frutilla del postre, a escasos días de un acto comicial, como el 2 de junio, la Legislatura Provincial está paralizada hace rato. Casi un mes. Porque sus protagonistas están enfrascados en campaña, desde donde pretenden perpetuarse, como lo vienen haciendo los conocidos de siempre que están en el Palacio de calle Salta hace más de treinta años.
Desde no tan lejos, observan esta realidad que se cae a pedazos, los puentes rotos, alcantarillas arrasadas, calles embarradas, rutas abandonadas y el tránsito cortado, en cualquier punto de la geografía provincial.

Todo esto corona a la provincia más pobre del país. Donde sus gobernantes reclaman continuidad para que nadie ponga “palos en la rueda”. La gente está “bien”, “agradecida” y no quiere salir de esta “situación de confort”.