El Sindicato de Trabajadores Municipales ha funcionado como un poder dentro del poder. Aliado de prácticamente todas las gestiones desde la recuperación de la democracia hasta acá.
El conflicto que sostiene con la administración saliente de Jorge Capitanich está reflejando lo niveles a los que escalaron sus demandas que tienen que ver incluso con la organización institucional. Con la propia gestión, que obviamente escapa a la protección de los derechos de los trabajadores.
Particularmente los empleados municipales, especialmente los que forman parte del sindicato son una parte privilegiada dentro del sector público de la provincia del Chaco. No son los únicos, la gestión de Domingo Peppo ha sabido recrear nichos en los que florecen otras clases, entre ellos el Insssep, la Fiduciaria del Norte, Lotería Chaqueña, por citar algunos ejemplos.
Pero particularmente los municipales de la capital y la modalidad aplicada por el Sindicato para relacionarse con las autoridades han permitido escapar a sus trabajadores de las políticas de ajuste, además de que reivindicar una fuerte injerencia en el manejo de estructuras y amplio poder de decisión en los pases a planta.
El nivel de exigencias consentidas a lo largo de los años ha permitido montar un sindicato rico en una de las ciudades más pobres de la República Argentina y en ese marco se explica que la conciliación acatada por el Sindicato después del requerimiento del fiscal Patricio Sabadini, (que ya lo investigó en la causa denominada Lavado II) vinculado a la detención de Jacinto Sampayo haya terminado en fracaso.
Sólo el caso de la Dirección de Catastro, una dependencia sobre la que el gremio no oculta su interés no ha podido consensuarse en las negociaciones que encaró personalmente la Subsecretaría de Trabajo de la provincia, entre el Sindicato y la Municipalidad.
La Justicia terció fuerte en esa diferencia. Le ordenó a ambos, el gobierno municipal y al STM que no produzcan ningún cambio hasta tanto resuelve un amparo presentado por la funcionaria que viene denunciando persecución hace bastante tiempo.
El caso lo heredará Gustavo Martínez, quizás uno de los armadores más experimentados en la política provincial, pero que hasta el momento no ha debutado en este tipo de relacionamientos entre el Sindicato y la Municipalidad que conducirá formalmente desde el 10 de diciembre.
No parece una tarea sencilla, pero dificultosamente las instituciones han comenzado a ponerle límites a los excesos a los que parecen haberse acostumbrado las históricas gestiones municipales. Parte de esos límites incluyen no haber aceptado alianzas políticas que permitieran combinar listas de candidatos a concejales.
Por fuera de eso, el Concejo Municipal que gestionará acompañando a Gustavo Martínez ya necesitará suficientes acuerdos por la diversidad de su composición. El radicalismo mandó mensajes a los correligionarios que confluyeron en el CER, están pidiendo suspensión de afiliaciones, aunque alguno de los dirigentes de la UCR que formaron parte de la alianza triunfadora hace tiempo presentó su renuncia.
Con el resto del peronismo, el del Frente Chaqueño, que tendrá una parte del Concejo las heridas parecen no haber cerrado todavía.
En definitiva, Martínez tiene grandes desafíos. El diálogo político y la concertación necesariamente deberán formar parte de sus prioridades, pero los vecinos de la ciudad, contribuyentes, estarán mirando especialmente su desempeño en la relación con el Sindicato Municipal.