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Panorama Semanal: La madre de todas las batallas

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Crédito: 147513

El Sindicato de Empleados Municipales anunció un paro general en la Municipalidad de Resistencia. No parece una medida razonada en medio de la pandemia que azota a todo el planeta. ¿Qué es lo que está en juego en esta pulseada por la que cinchan los trabajadores? Se trata de sectores del trabajo estatal que gozan de los mejores ingresos del Chaco –salvo algunos nichos de organismos descentralizados de la administración pública provincial- y ni siquiera está bajo reclamo una recomposición salarial.

 

El 23 de febrero este mismo espacio titulaba La pelea Gustavo – Sampayo por la víscera más sensible. No hacía falta ser un genio para anticiparla. Para esa fecha la Organización Mundial de la Salud todavía no había declarado “pandemia” al COVID-19, el globo terráqueo no estaba todavía paralizado y la pobre performance de la recaudación municipal sólo podía achacarse a la recesión que viene afectando el país desde hace años, agravada por el fuerte incremento en los gastos corrientes que le dejó Jorge Capitanich antes de irse y que ahora se animó a denunciar Gustavo Martínez, dificultado por su pobre manejo de los complicados apuntes que portaba.

 

El intendente se encontraba de vacaciones y todavía ni soñaba que sus problemas serían muchísimos más graves apenas unos meses después. El impuestazo que logró con maniobras del Concejo Municipal se transformaría en la tabla que le hiciera de salvavidas ante un ahogo financiero que, es importante repetir, todavía no esperaba el impacto que importa actualmente la cuarentena por el coronavirus.

 

Martínez tuvo que interrumpir sus vacaciones porque lo que entró en crisis fue el pago de las horas extras. El grupo de barrido y limpieza no salió a trabajar, apenas una muestra del poder de fuego del Sindicato. El intendente advirtió entonces “No se le negará el pago a ninguno de los empleados que trabajen horas extras”, pero las liquidaciones la practicarán secretarios y subsecretarios.

 

La sangre no llegó al río entonces. El 16 de marzo, Jorge Capitanich, ordenó la cuarentena en toda la provincia. El 20 de marzo lo hizo Alberto Fernández en todo el país. Las consecuencias para las arcas del sector público fueron demoledoras.

 

La administración provincial en los cuatro años de Domingo Peppo había enviado colocado por debajo del límite de la pobreza a mucho más que la mitad de los empleados públicos provinciales. El apoyo nacional –garantizado con emisión- le permite a Capitanich el pago de sueldos casi con normalidad.

 

El problema está en el manejo que “heredó” el intendente Gustavo Martínez. En la semana que termina dio una conferencia de prensa para denunciar que cuando se fue Capitanich el pago de sueldos de todos los municipales insumía el 97% de la coparticipación que recibe Resistencia. Ahora que tiene que gobernar él y le impactan los aumentos de planta y de salarios que dejó la gestión anterior se necesita el 140% de la coparticipación.

 

La herencia entre comillas es necesario explicarla. Martínez fue presidente del Concejo durante todo el gobierno de Capitanich. Podría incluso asimilarse a un “compañero de fórmula” si no fueran públicas las diferencias entre unos y otros. No los unía el amor, sino el espanto.

 

Los problemas que heredaría eran de su conocimiento. Como ex presidente del Concejo, Martínez nunca tuvo problemas para discrepar con el intendente Capitanich, públicamente mucho menos en privado.

 

Su relación con Sampayo nunca fue mala. Hasta es posible afirmar que desde su posición como oficialista Gustavo “avaló” la gestión de Capitanich en material salarial y en su relación tóxica con el Sindicato. Es sorprendente lo que la pandemia hace con la memoria. Eso no quiere decir que lo explicado en su conferencia sea falso. Pero el complicado frente financiero que imaginó el intendente cuando proyectó el impuestazo es ahora infinitamente peor por efecto del coronavirus. La gravedad de la situación se ejemplifica en el cronograma de pagos de sueldos de la Municipalidad de Resistencia. Terminará el 22 de mayo, día de Santa Rita.

 

Aquella fría relación con el actual gobernador que se permitió para desairar convocatorias efectuadas por el Ejecutivo chaqueño se tropieza ahora con este duro momento financiero de la municipalidad que parece enseñarle cuantos pares son tres botas.

 

Martínez no tiene más remedio. Si quiere seguir gobernando va a tener que ajustar. En la  conferencia definió: Resistencia tiene un fuerte incremento en su gasto salarial producto de acuerdos que dejó la gestión anterior, tiene una brutal caída de sus ingresos propios y de coparticipación.

 

En el Municipio creen que Capitanich le está dando aire al gremio. Según el intendente el salto fue de 280 millones de pesos mensuales a 470 millones de pesos por mes y afirman que la planta pasó de los 1800 empleados a 5600. Pero todo eso no pudo haber pasado sin que el presidente del Concejo lo supiera.

 

Y quiere empezar por los pagos que no encuentran justificación. Si ya pasó con Barrido y limpieza cuando ordenó que sean sus funcionarios (los políticos) los que hagan las liquidaciones ahora fue a hacerlo al área de Inspecciones, en donde funciona el área de Tránsito.

 

No puede bajar los sueldos porque sería ilegal. Lo único que puede tocar son las horas extras. Allí envió a sus funcionarios tomando medidas de protección. Sólo para tomar dimensión de lo que fueron esas medidas, el gremio denunció que hubo “atropellos institucionales mafiosos”. Gitanos adivinándose la suerte.

 

Algunos detalles dio Martínez. Dijo que en enero de 2020 se pagaron 170 mil horas extras. La legislación laboral argentina prevé un máximo de 30 horas extras por mes por cada trabajador. El cálculo por el total de lo pagado por el Municipio revela que supuestamente todos los empleados municipales -sin excepción- trabajaron el máximo de horas extras.

 

La otra medida de ajuste será la de jubilar a unos 160 trabajadores que le permitiría ahorrar unos 400 millones de pesos. “Hay muchos trabajadores que el día del cumpleaños ya se lo jubila y hay muchos trabajadores que porque son amigos de Juan o de Pedro siguen trabajando sin que se acojan al beneficio de la jubilación” anticipó que van a hacer un “requerimiento inmediato” para que pasen a depender del Insssep.

 

Martínez ha hecho en cuatro meses mucho más que ningún otro gobierno desde que existe el Sindicato para liquidar el co-gobierno. Lo principal y más notorio: la bancarización. Uno de los principales reclamos del gremio fue retornar al pago en efectivo vía la Caja Municipal. El intendente lo concedió, volvería a cambio de que los trabajadores se presenten personalmente a pedir la des-bancarización.

 

Apenas una minoría lo hizo. Los más efusivos, los que se manifiestan en redes sociales. Quizás por eso el gremio denuncie ahora que el gobierno municipal quiere “dividirlos”. “No cumplió con el cobro por la Caja Municipal, se burló haciéndonos firmar declaraciones juradas y no cumple con el pago de sueldos en término”, denunció el Sindicato. El propio Jacinto Sampayo hizo circular un audio anunciando que expulsaría a los trabajadores que no se plieguen al paro. “El paro es obligación”, “si no tienen conciencia de lucha, no luchen que también pueden vivir sin luchar” “pero cuando yo salga de acá los voy a expulsar como afiliados”.

 

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