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Panorama Semanal: Cuarentena y coronavirus

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El avance del coronavirus en la provincia del Chaco va confirmando que la provincia es la tercera en caso de mayor afectación de pacientes detrás del principal conglomerado del país que componen la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense. Contra toda la lógica, una de las provincias más pobres del país encabeza los ránquines de una enfermedad que estará emparentada en sus inicios con costosos viajes a Oriente o Europa.

 

Será también la primera en registrar un contagio autóctono y una de las primeras en contar con un fallecido. El drama explica con facilidad por qué también fue una de las primeras jurisdicciones en declarar la cuarentena obligatoria que finalmente terminó adoptado el presidente Alberto Fernández para todo el país.

 

A menos de diez días de terminar el encierro obligatorio la primera conclusión que se puede arriesgar es que el 31 de marzo no parece la fecha en la que se pueda retomar la vida normal ni en la Argentina, ni en particular en el Chaco. Los vecinos que vienen cumpliendo estrictamente la cuarentena ya están calculando que esto irá para bastante tiempo más.

 

No hay una sola voz en el país que no considere acertada una decisión que obtuvo el consenso político total en el país con extremada facilidad. Estamos frente a lo que se debe hacer para afrontar el desafío que propone la enfermedad con los menores costos en vidas humanas. La cuestión ya no se discute ni en países que han sido remisos a las medidas más duras, independientemente de lo que piensen sus gobernantes, como en Estados Unidos, México o Gran Bretaña.

 

Si esto es lo que hay que hacer, no se puede sino acordar con las disposiciones que está tomando el Gobierno. Los pocos que no lo comprenden son los que irresponsablemente no acatan las órdenes de cuarentena. Peor aún las personas –entre ellas algunos profesionales de la salud- que deben confinarse y tuvieron que ser castigados con arresto y comprometer más la situación de todos dilapidando un personal de seguridad que funcione como consigna policial para el cumplimiento del aislamiento.

 

También hay un consenso generalizado que el brutal parate tendrá un costó altísimo que los estados tendrán que afrontar. Es obvio que el momento álgido de la crisis no es un tema de primera plana, pero es indudable que en medio de ella habrá sectores que siguen el tema. El acuerdo por la deuda externa se sigue discutiendo con el Fondo Monetario. Es probable que incluso se resuelva en medio de la pandemia.

 

La demorada –por años- decisión de descentralizar los análisis que hace el Instituto Malbrán promete hacer crecer la cantidad de casos de COVID-19 que se registran en el país. Pero a ello habrá que sumarle el apurado retorno de miles y miles de argentinos, algunos que ya está retornando el país, se habla de más de 25 mil desde que se detectó el primer caso en la Argentina y de otros tantos que todavía están esperando su repatriación.

 

Cuando ellos estén aquí, seguramente otros miles quedarán fuera. Es una posibilidad que se está analizando por estas horas. No todos podrán regresar y no hay forma de saber en qué circunstancias permanecerán en el extranjero.

 

Pero cuando todas esas circunstancias estén dadas, recién entonces podrá conocerse la realidad del impacto del coronavirus en el país. Quizás para esa fecha –que no está tan lejana- los números se ordenen y provincias más populosas que el Chaco le compitan por ese doloroso tercer lugar. ¿Acaso Córdoba o Santa Fe? Dependerá también de si las medidas de confinamiento tienen resultado o si finalmente se declara el Estado de Sitio que se analizó durante la jornada de este sábado.

 

Pero faltan esos números para saber cómo habremos de superar esto los argentinos, a la espera de la vacuna -por la que pelean las grandes potencias-, que haga olvidar los temores a una recaída. El mundo habrá cambiado para entonces. Pero primero debemos cambiar nosotros. Y las condiciones nos están demandando ese cambio ahora mismo. No sólo en nuestra forma de vivir el encierro, en las clases a distancia, el trabajo en la casa, la crisis financiera y económica a las que la cuarentena nos está sometiendo.

 

Cambiar ya significa también ser solidarios ya. Acatar el aislamiento, darle una chance al sistema de salud, a los que salieron a ponerle el pecho al drama, los trabajos de la salud y de la seguridad, fundamentalmente.

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