El avance del coronavirus en la provincia expuso esta semana un hito que confirma algunas preocupaciones dentro del gremio de la salud pública provincial. El positivo de la directora del Hospital Perrando, Nancy Trejo, debió haber hecho sonar algunas alarmas y motivar algunas medidas que todavía están esperándose.
Otro de los puntos altos de la situación es incumplimiento del aislamiento obligatorio al que debió haberse sometido la ministra de Salud, Paola Benítez, por haber tenido contacto estrecho con la doctora Trejo. Al contrario, la funcionaria fue la que dio la conferencia de prensa en la que hizo el anuncio.
No debería sorprender, el gobernador Jorge Capitanich, pidió disculpas en canal 9 de Buenos Aires por haber participado de un acto público (sin público) el 24 de marzo pasado. Primero pretendió justificar esa participación. Pero se terminó disculpando cuando le hicieron notar que las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, íconos de la resistencia durante la última dictadura militar suspendieron todas las actividades por la pandemia.
En la provincia donde la Policía arresta a un joven que salió a comprar una maquinita de afeitar, Capitanich le dio aire así al ex piquetero oficialista, Emerenciano Sena, director de una Escuela de Gestión Social, es decir con responsabilidad en la educación, que tuvo su acto público, con concurrencia limitada, para la misma fecha. En ambos casos violando la cuarentena dispuesta por el presidente Alberto Fernández.
En su edición sabatina el diario Época de Corrientes publicó una tapa miserable. “Coronavirus. Chaco exportó la maldita enfermedad a Corrientes”. Se inscribe ese titular en la catarata de cuestionamientos que el gobernador correntino, Gustavo Valdés, lanzó en los últimos días contra ésta provincia. Pero la contienda pudo haberla empezado un funcionario de segundo orden chaqueño que había acusado a sus pares correntino de “no buscar” los casos en donde tenían que estar.
El ida y vuelta correntino/chaqueño no encuentran lógica en la política que viene desenvolviendo el gobierno nacional. El presidente Alberto Fernández se sentó innumerables veces con Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, o junto al gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. La ciudad de Buenos Aires permitirá que un sanatorio de camioneros brinde en su jurisdicción 300 camas a potenciales pacientes bonaerenses para suplir el déficit del conurbano. Algo de eso remarcó recientemente el ministro de Salud Ginés González García que llevó a una reunión con sus pares de las provincias por videoconferencia –en la que no todos estuvieron presentes- y puntualmente le pegó un tirón de orejas al correntino, Ricardo Cardozo.
El escandaloso titular se apoya de manera liminar sobre hechos. Profesionales correntinos que prestan servicios en la salud pública chaqueña representan buena parte de los casos positivos en la vecina orilla. Sin medias tintas el medio sostiene “el Hospital Perrando es foco de infección”. Esto último es improbable, pero la realidad es que otros tantos profesionales chaqueños que prestan servicio en el principal nosocomio de la provincia están contagiados, la última de ellas, es la directora Trejo.
Hasta hace una semana la Gremial Médica, el gremio que nuclea a los profesionales del Perrando estaba solicitando (y recibió) donaciones de la comunidad para trabajar con mínima seguridad. Algo parecido hizo UPCP que representa a los enfermeros, mucamos y personal administrativo.
Esta situación genera preocupación en los médicos, algunos de los cuales se han procurado por sus propios medios equipos de bioseguridad, quizás no los más adecuados.
Fuera de los deslices de nuestros funcionarios, que pueden no resultar gratuitos, este fin de semana la provincia encaró un fuerte operativo para testear casos de más de 250 personas que están en confinamiento esperando saber si tienen o no coronavirus.
La campaña permitirá acercarnos más a la realidad. Para eso fue necesario no solamente un refuerzo en la cantidad de reactivos enviados por el gobierno nacional. También la ampliación del servicio de laboratorio que hasta ahora es exclusivamente el público, desde de que se descentralizó el Malbrán. Ahora se incorporaron dos establecimientos privados.
En dos o tres días, con este apoyo que viene sortear el techo de 25 análisis de muestras diarios que podía hacer la provincia, tendrían que estar los resultados. Habrá que esperar entonces.
Fuera de lo que exclusivamente es la cuestión sanitaria, la ciudadanía viene perdiendo la pelea contra los precios. El caso emblemático es de las verduras. Los controles sobre el Mercado Central tuvieron un resultado en lo formal, pero no parece haberse bajado a la realidad.
Los precios están por las nubes en alimentos muy sensibles como la papa o el tomate. Grandes verdulerías en importantes barriadas directamente cerraron sus puertas porque los controles no están surtiendo efecto. Una tarea sería más efectiva si en lugar de hacer una visita con prensa, se apostara en el lugar una guardia de emergencia en el lugar que garantice que se respeten los precios, por lo menos los que el propio mercado hizo circular y que los minoristas afirman que no se cumplen.