Sólo hubo que recorrer algunas escasas paradas de colectivos y repasar varios murales en las redes sociales e incluso escuchar algunas pocas radios, para comprobar el malhumor social de la gente que se quedó sin el vital servicio del transporte urbano de pasajeros, justo a la hora de volver a casa, cumplir con las obligaciones laborales o simplemente trasladarse de un lugar a otro, en medio de una ciudad militarizada como si fueran los olvidables años negros de los ’70.
Todo el mundo estuvo afectado al acto de Macri. Eso está claro. Nadie fue por sus propios medios y se vieron condicionados a dejar “bien” a Gustavo Valdés ante su jefe. Esa era la obligación que dejó inmovilizada a toda la ciudad de Corrientes. Entre esa quietud y afectación, no hubo colectivos.
El termómetro lo brindaron las redes sociales que estallaron de bronca de mucha gente que se quedó a pie, muy lejos de sus lugares habituales. Paralelamente en el centro y en la costa de la ciudad, se desató un verdadero caos en el tránsito que tuvo su origen en las calles cortadas y valladas, alimentadas por otras arterias que soportaron el pesado paso de gigantescos ómnibus.
Entre otras palabrotas, un pasajero caminante le dijo a CorrientesHoy.com, “esperé más de dos hora b…; finalmente tuve que caminar por eso llegué tarde a mi trabajo”.