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Murió una de las mujeres más longevas de Corrientes

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Crédito: 132138

Se trata de Rafaela Robledo. Una fractura de cadera la dejó en silla de ruedas. Pese a ese inconveniente, la abuela no tuvo enfermedades complejas. Ayer se apagó su luz y sus seres queridos y vecinos la despidieron en su casa ubicada en el barrio Progreso.


Ayer sus fa­mi­lia­res y ve­ci­nos que su­pie­ron re­ci­bir a épo­ca pa­ra el cum­ple­a­ños de la “a­bue­la”, es­ta vez des­pi­die­ron sus res­tos en la fin­ca de la ca­lle Jo­sé Her­nán­dez 1754, de es­ta Ca­pi­tal. Hoy a las 9, se pro­ce­de­rá a la sa­gra­da se­pul­tu­ra en el ce­men­te­rio Ve­do­ya.


La tar­de de ayer se pre­sen­tó nu­bla­da y ca­lu­ro­sa. La ca­lle Jo­sé Her­nán­dez al 1754 de es­ta Ca­pi­tal mar­có que no fue un do­min­go más. Es que Do­ña Ra­fa­e­la pu­so fin a un ci­clo de vi­da ex­ten­so y ejem­plar.


La abue­la na­ció en la lo­ca­li­dad de 9 de Ju­lio. Des­de muy pe­que­ña vi­no a la ciu­dad de Co­rrien­tes jun­to a la fa­mi­lia Me­a­be. Con el pa­so de los años co­no­ció a Sal­va­dor Sán­chez, con quien tu­vo cua­tro hi­jos, Car­los, Can­de­la­ria, Fer­nan­do y Sal­va­dor Ro­dol­fo.

 

Con 75 años, Car­los es el úni­co hi­jo que vi­ve. Fue él quien hi­zo un re­pa­so de la his­to­ria y el pre­sen­te de su ma­dre. “Ma­má no to­ma ni un me­di­ca­men­to. No tie­ne nin­gu­na en­fer­me­dad, ni pre­sión ni dia­be­tes. La­men­ta­ble­men­te, ha­ce seis me­ses se ca­yó y tu­vo frac­tu­ra de ca­de­ra. Pe­se a que pue­de ca­mi­nar por su pro­pia cuen­ta, an­tes de la ca­í­da lo ha­cía con na­tu­ra­li­dad”, se­ña­ló Car­los en diá­lo­go con épo­ca en el fes­te­jo de los 106 años.

 

De acuer­do al re­la­to de su hi­jo, de jo­ven Ra­fa­e­la, ade­más de tra­ba­jar pa­ra la fa­mi­lia Me­a­be, com­par­tía bue­nos mo­men­tos con su es­po­so Sal­va­dor. “Re­cuer­do que tan­to mi ma­dre co­mo mi pa­dre sa­lí­an a bai­lar. Uno de los lu­ga­res que so­lí­an fre­cuen­tar era el bo­li­che “Col­ma­do Se­vi­lla”, que se en­con­tra­ba en el lo­cal que hoy fun­cio­na el Co­rreo Ar­gen­ti­no. Otro era “Mi Ca­ba­ña”, que es­ta­ba en Ju­nín y San­ta Fe. No­so­tros éra­mos muy pe­que­ños y le pe­dí­a­mos go­lo­si­nas an­tes que va­yan a bai­lar”, re­cor­dó el hom­bre.


Los bue­nos mo­men­tos jun­to a Sal­va­dor fue­ron apro­ve­cha­das a ple­no. La­men­ta­ble­men­te a los 50 años per­dió la vi­da su com­pa­ñe­ro y fue un gol­pe muy du­ro pa­ra ella.

 

Con su es­fuer­zo, Ra­fa­e­la pu­do com­prar un te­rre­no. Con sus cua­tro hi­jos a su car­go, de­ci­dió afin­car­se en el ba­rrio Pro­gre­so. “Ha­ce 60 años com­pró el te­rre­no en la ca­lle Jo­sé Her­nán­dez y pu­do cons­truir la ca­sa que has­ta el día de hoy la con­tie­ne”, re­mar­có su hi­jo.

 

En esa ca­sa se cria­ron sus nie­tos (tie­ne seis) y ca­da fin de se­ma­na re­co­rren tam­bién los más de 20 bis­nie­tos. Los fa­mi­lia­res re­cor­da­ron que en el cum­ple­a­ños nú­me­ro 100, fue a vi­si­tar­lo Car­los Mau­ri­cio Es­pí­no­la. “Se pu­so con­ten­ta por­que el In­ten­den­te de ese en­ton­ces le re­ga­ló una tor­ta y flo­res”, re­cor­dó su hi­jo.

 

Las anéc­do­tas se­gui­rán en la me­mo­ria de las per­so­nas que co­no­cie­ron a una de las abue­las más po­pu­lar de la ciu­dad de Co­rrien­tes. Época

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