Se trata de Rafaela Robledo. Una fractura de cadera la dejó en silla de ruedas. Pese a ese inconveniente, la abuela no tuvo enfermedades complejas. Ayer se apagó su luz y sus seres queridos y vecinos la despidieron en su casa ubicada en el barrio Progreso.
Ayer sus familiares y vecinos que supieron recibir a época para el cumpleaños de la “abuela”, esta vez despidieron sus restos en la finca de la calle José Hernández 1754, de esta Capital. Hoy a las 9, se procederá a la sagrada sepultura en el cementerio Vedoya.
La tarde de ayer se presentó nublada y calurosa. La calle José Hernández al 1754 de esta Capital marcó que no fue un domingo más. Es que Doña Rafaela puso fin a un ciclo de vida extenso y ejemplar.
La abuela nació en la localidad de 9 de Julio. Desde muy pequeña vino a la ciudad de Corrientes junto a la familia Meabe. Con el paso de los años conoció a Salvador Sánchez, con quien tuvo cuatro hijos, Carlos, Candelaria, Fernando y Salvador Rodolfo.
Con 75 años, Carlos es el único hijo que vive. Fue él quien hizo un repaso de la historia y el presente de su madre. “Mamá no toma ni un medicamento. No tiene ninguna enfermedad, ni presión ni diabetes. Lamentablemente, hace seis meses se cayó y tuvo fractura de cadera. Pese a que puede caminar por su propia cuenta, antes de la caída lo hacía con naturalidad”, señaló Carlos en diálogo con época en el festejo de los 106 años.
De acuerdo al relato de su hijo, de joven Rafaela, además de trabajar para la familia Meabe, compartía buenos momentos con su esposo Salvador. “Recuerdo que tanto mi madre como mi padre salían a bailar. Uno de los lugares que solían frecuentar era el boliche “Colmado Sevilla”, que se encontraba en el local que hoy funciona el Correo Argentino. Otro era “Mi Cabaña”, que estaba en Junín y Santa Fe. Nosotros éramos muy pequeños y le pedíamos golosinas antes que vayan a bailar”, recordó el hombre.
Los buenos momentos junto a Salvador fueron aprovechadas a pleno. Lamentablemente a los 50 años perdió la vida su compañero y fue un golpe muy duro para ella.
Con su esfuerzo, Rafaela pudo comprar un terreno. Con sus cuatro hijos a su cargo, decidió afincarse en el barrio Progreso. “Hace 60 años compró el terreno en la calle José Hernández y pudo construir la casa que hasta el día de hoy la contiene”, remarcó su hijo.
En esa casa se criaron sus nietos (tiene seis) y cada fin de semana recorren también los más de 20 bisnietos. Los familiares recordaron que en el cumpleaños número 100, fue a visitarlo Carlos Mauricio Espínola. “Se puso contenta porque el Intendente de ese entonces le regaló una torta y flores”, recordó su hijo.
Las anécdotas seguirán en la memoria de las personas que conocieron a una de las abuelas más popular de la ciudad de Corrientes. Época