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Monseñor Salvador Castagna: Recordar y celebrar a Cristo crucificado

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"La Semana Santa es una ocasión invalorable para renovar la vida cristiana. Para ello es preciso simplificar nuestra personal participación, orientándola a Quien es su centro: Cristo", precisó.

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que la Semana Santa es “una ocasión invalorable para renovar la vida cristiana”.

“Para ello es preciso simplificar nuestra personal participación, orientándola a Quien es su centro: Cristo”, puntualizó en su sugerencia para la homilía dominical. El prelado indicó que se lo celebrará al asociarse a su Muerte y Resurrección, prolongadas por el Bautismo y la Eucaristía.

“Una fecha calendario detiene el tiempo, habitualmente perdido o perturbado por las urgencias que alejan de Cristo, en Quien únicamente se halla el logro perfecto de los valores buscados con tanta ansiedad”, subrayó.

Texto de la sugerencia

1.- Oscilaciones de un pueblo contradictorio. Una celebración con aparentes contradicciones inaugura la Semana Santa 2021. Un pueblo que aclama a Cristo, como el Mesías profetizado, y otra expresión del mismo pueblo que pide su crucifixión, prefiriendo la liberación de un asaltante y homicida, a reconocer la inocencia y liderazgo del “Santo de Dios”. Una verdadera radiografía de la volatilidad de un pueblo que necesita encontrarse con Cristo y enraizar su vida en Él. Como entonces, también hoy se expresa silenciosamente un pueblo que lo reconoce y sigue, y otro, que - ruidosamente - lo niega y vitupera. Es preciso que todo el mundo lo reconozca y disponga de la oportunidad de hacer una opción responsable, eligiéndolo como su Salvador. Así como entonces, también ahora y siempre, se dividirán las aguas y unos constituirán el pueblo que lo sigue como Señor y Salvador, y otros, se confabularán para componer la siniestra multitud que exige su crucifixión.

2.- Cristo, causa de caída y de elevación. La lectura de la Pasión ofrece una visión dramática de lo que sucedió entonces. Veamos nuestra realidad agrietada y advirtamos que Cristo viene, también hoy, a separar las aguas y a convocar a la conversión, incluidos sus enemigos. Es lamentable que se decida, en países cristianos como el nuestro, rechazar toda referencia a Cristo y a su enseñanza. Recordemos las bases inconsistentes de leyes como la IVE o el matrimonio igualitario. Es la ocasión de recordar la profecía de Simeón: “Simeón, después de bendecirlo, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. (Lucas 2, 34-35) No nos sorprenda que la presencia viva de Jesús cause malestar a quienes se empeñan en mantenerse cerrados a la Palabra que les ofrece la Iglesia. Los Apóstoles no ocultan su disponibilidad frente a la persecución y al martirio. Sin duda, los tiempos actuales - de persecución y de muerte - son tanto o más cruentos que los del cristianismo del siglo primero.

3.- El mundo tiene nostalgia de Dios. No obstante, y de todas formas, Cristo debe ser predicado. Es el mayor de los bienes que podemos ofrecer a nuestro mundo sin rumbo. Así ha sido durante toda la historia de la Iglesia, iniciada bajo la conducción de los Apóstoles y continuada por sus sucesores, hasta nuestros días. No nos es lícito atenuar la enérgica expresión del Apóstol San Pablo: “Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme, al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!”. (1 Corintios 9, 16) El Evangelio es Cristo, por esa razón se constituye en una necesidad para hombres y mujeres, cuya situación se agrava al perder conciencia de esa necesidad. Es imperioso preparar la presentación de Cristo despertando el oculto deseo de su acción misericordiosa. Recuerdo la exclamación del poeta Pieter Van Der Meer, entonces ateo, conversando con su esposa Cristina, al contemplar el cielo estrellado: “Es una pena que este concierto maravilloso no tenga autor…. (para, de inmediato, reconocer en su interior): pero ¿por qué lloras alma mía?” (de su obra “Nostalgia de Dios”).

4.- Recordar y celebrar a Cristo crucificado. La Semana Santa, que iniciamos, es una ocasión invalorable para renovar la vida cristiana. Para ello es preciso simplificar nuestra personal participación, orientándola a Quien es su centro: Cristo. Lo celebraremos al asociarnos a su Muerte y Resurrección, prolongadas por el Bautismo y la Eucaristía. Una fecha calendario detiene el tiempo, habitualmente perdido o perturbado por las urgencias que alejan de Cristo, en Quien únicamente se halla el logro perfecto de los valores buscados con tanta ansiedad.+

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