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Monseñor Castagna: La exposición amable del Evangelio

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El arzobispo emérito de Corrientes afirma que "Jesús sabe que la falta de una información correcta, crea, para quienes desean honestamente arribar a la verdad, un clima social y cultural irrespirable".

“El Evangelio, mediante quienes deben presentarlo, exige ser tratado por la sociedad con respeto y honestidad”, recuerda en su sugerencia para la homilía dominical.

El prelado advierte que “son insostenibles las campañas ‘anti’, cuyo propósito no es llegar a la verdad sino al aniquilamiento del adversario” y sostiene: “‘Respetar a quienes piensan de otra manera’ no es un slogan adaptable a conveniencias ocasionales”.

“Los cristianos hemos recibido la misión de exponer amablemente nuestro pensamiento, siempre a partir de una inquebrantable coherencia de vida con la fe que profesamos. Para ello, es imprescindible que nuestro pensamiento y comportamiento respondan a la inspiración evangélica”, subraya.

Texto de la sugerencia

1.- Una encuesta singular. En tiempos, como los nuestros, en que las encuestas se destacan por su incidencia sociopolítica, no será bien entendida la que Jesús realiza entre sus más próximos discípulos. No es tanto saber qué piensa el pueblo de Él, como capacitar a sus principales testigos en el conocimiento de su verdadera identidad: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (Marcos 8, 27) En instancias electorales, no parece importar demasiado quién es cada cual, sino que tal o cual espacio político prevalezca. El tiempo posterior, o subsiguiente, revelará la verdad. Preparando el X Congreso Eucarístico Nacional formulábamos, en su oración oficial, la siguiente petición: “Señor, que nuestros dirigentes sean capaces y honestos”. De nada les sirve su capacidad si son deshonestos, de poco les sirve su honestidad si son incompetentes.

2.- La respuesta inspirada de Pedro. La respuesta de aquellos hombres se circunscribe a lo que la gente dice y no a lo que ellos piensan. A Jesús le interesa la fe de sus discípulos, por ello, después de escuchar lo que se dice por ahí, repregunta directamente: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Ibídem 8, 29) Un verdadero desafío que Pedro, como es habitual en él, recoge de inmediato: “Pedro respondió: ‘Tú eres el Mesías’”. (8, 29) Es quién lo identifica con la terminología profética consagrada por la tradición. Cristo es el enviado, el Verbo eterno encarnado en el seno virginal de María, por obra del Espíritu Santo. Hoy necesitamos que el mundo reciba una información correcta sobre la persona de Cristo, su misión y la prolongación de su presencia en la actualidad. Lo digan o no, los sostenedores de ideologías adversas a la fe cristiana, están empeñados en desacreditar a quienes la representan. Lo comprobamos a diario. No es el momento de inculpar a personas, profesiones e instituciones; tal inculpación corre el riesgo de causar graves errores e injusticias.

3.- La exposición amable del Evangelio. Jesús sabe que la falta de una información correcta, crea, para quienes desean honestamente arribar a la verdad, un clima social y cultural irrespirable. El Evangelio, mediante quienes deben presentarlo, exige ser tratado por la sociedad con respeto y honestidad. Son insostenibles las campañas “anti”, cuyo propósito no es llegar a la verdad sino al aniquilamiento del adversario. “Respetar a quienes piensan de otra manera” no es un slogan adaptable a conveniencias ocasionales. Los cristianos hemos recibido la misión de exponer amablemente nuestro pensamiento, siempre a partir de una inquebrantable coherencia de vida con la fe que profesamos. Para ello, es imprescindible que nuestro pensamiento y comportamiento respondan a la inspiración evangélica. Jesús, ya resucitado, hace que su Espíritu sea la fuerza sobrenatural que dé ritmo al compromiso temporal de su Iglesia: “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo”. (Juan 20, 22) Y de inmediato les trasmite su propia potestad de perdonar los pecados.

4.- El otro Pedro. Pedro, el intuitivo Apóstol, que había captado la inspiración proveniente del Padre, vuelve a la escena entre sus condiscípulos. Esta vez no acierta. Ante el anuncio de Jesús, referido a su cercana y violenta muerte, Pedro, inspirado ahora por los lazos de un afecto imprudente, intenta disuadir a su Maestro: “Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: ‘¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres’”. (Marcos 8, 32-33) Quién, momentos antes, se había manifestado tan dócil a la inspiración divina, ahora, con la misma vehemencia, se equivoca y es reprendido severamente. Pedro constituye la imagen del hombre polifacético que hoy es capaz de gestos heroicos de respeto al principal don de la vida, y, casi de inmediato, se apronta a destruir a miles de inocentes no nacidos, mediante una legislación que autoriza “ilegítimamente” el aborto, en contradicción con la esencia de su auténtica vocación humana.+

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