El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, lamentó que se privilegien “algunas noticias, de coyuntura secundaria, por sobre la Nueva y gran Noticia de la presencia redentora de Cristo. El mundo necesita ser notificado de esta última”. “La exposición del Evangelio, mediante la predicación, se impone como la mayor y única necesidad actual y de todos los tiempos”, sostuvo en su sugerencia para la homilía del inicio del tiempo de Adviento.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, lamentó que se privilegien “algunas noticias, de coyuntura secundaria, por sobre la Nueva y gran Noticia de la presencia redentora de Cristo. El mundo necesita ser notificado de esta última”.
“La exposición del Evangelio, mediante la predicación, se impone como la mayor y única necesidad actual y de todos los tiempos”, sostuvo en su sugerencia para la homilía del inicio del tiempo de Adviento.
“Es muy irresponsable descuidar este anuncio, a causa de las trágicas consecuencias que comporta. Cuando cedemos al tedioso y frío ritualismo, que el mundo intenta imponernos, ponemos en peligro la recta orientación de la vida personal y social de los hombres y mujeres de nuestras comunidades. De allí la importancia de la predicación en las enseñanzas del Apóstol Pablo y en la práctica pastoral contemporánea”, agregó, y advirtió que “cuando se la descuida se produce un debilitamiento en la fe del pueblo cristiano”.
El prelado recordó que “Cristo es el autor de la fe y de Él fluye la gracia que la nutre. La Palabra anunciada y celebrada es Cristo. La predicación, en la clara expresión del apóstol, es imprescindible para que los creyentes accedan al misterio causante de su fe, y lo consideren su principal alimento: ‘Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación’”.
“La simplicidad y la pobreza humanas son las predilectas del Señor para revelar su misterio de amor y salvar a quienes, por ese medio, se introducen en él”, subrayó.