El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, consideró que “la imposibilidad humana no cesa de manifestarse en cada acontecimiento e intentos de llegar a un éxito que encuentra insalvables obstáculos” y aseguró que “para salvar esos impedimentos se requiere que la gracia de Cristo cambie los corazones de sus responsables”.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, aseguró que “la presencia de Cristo alcanza una dimensión de particular relevancia cuando, en los conflictos gravísimos de la actualidad, se intenta impedir todo proyecto superador de sus falencias”.
“Se cumple declaración del Ángel de la Anunciación: ‘porque no hay nada imposible para Dios’. Cristo es Dios, que en su calidad de hombre no podría lograr resolver tales conflictos; ciertamente lo puede como Dios. No deja de ser hombre, pero manifiesta su divinidad en el hecho incuestionable de la Resurrección”, explicó.
“Es cuando causa lo que los hombres - sin su gracia – no pueden lograr: ‘Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes’. Porque, por medio de la Resurrección, Cristo se convierte en ‘causa de salvación eterna para todos los que le obedecen’. De esa manera – el Dios verdadero - hace posible lo que para los hombres es imposible”, agregó.
Monseñor Castagna sostuvo que “la imposibilidad humana no cesa de manifestarse en cada acontecimiento e intentos de llegar a un éxito que encuentra insalvables obstáculos” y aseguró que “para salvar esos impedimentos se requiere que la gracia de Cristo cambie los corazones de sus responsables”.