“Mientras no se entienda el amor como don de la propia vida, la búsqueda exclusiva de satisfacciones sin relación libre y generosa, seguirá impidiendo el valor de la amistad y del matrimonio y la familia, y, en consecuencia, será imposible la construcción de una sociedad ordenada, justa y fraterna”, advirtió el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, aseguró que “mientras no se entienda el amor como don de la propia vida, la búsqueda exclusiva de satisfacciones sin relación libre y generosa, seguirá impidiendo el valor de la amistad y del matrimonio y la familia, y, en consecuencia, será imposible la construcción de una sociedad ordenada, justa y fraterna”.
“Ante el descalabro causado por cierto ejercicio del poder, que favorece a unos y margina a otros, la sucesión en su desempeño, dispuesta por las leyes constitucionales, será un continuo vaivén donde se reformulan y agravan los errores”, sostuvo, y advirtió: “Trae consigo la infelicidad del pueblo, frenado en su capacidad de auténtico progreso y bienestar”.
En su sugerencia para la homilía dominical, el prelado insistió en advertir que “cuando el interés egoísta sea reemplazado por el amor, los problemas más graves de la actualidad estarán en vía de resolverse. No existe otro camino; nuestra naturaleza reclama recorrerlo”.
“Jesús arriesga su seguridad personal al presentar el plan de Dios, en oposición frontal con los diversos intentos de construir un mundo monstruoso, producto de proyectos espurios o, en el mejor de los casos, extremadamente débiles e insustanciales”, subrayó.
“El Evangelio inspira priorizar el verdadero bien de todos, opuesto a mezquinos intereses individuales. El “verdadero bien” se entiende como cosa de Dios y no de los hombres; está inscrito en la naturaleza humana y, para los creyentes en Cristo, Dios lo revela mediante el acontecimiento de la Encarnación de su Hijo”, añadió.