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Messtizaje, banda de correntinos que se abre camino en Berlín

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Crédito: 151749

La fusión de géneros contrapuestos en la que la cumbia y otros ritmos latinoamericanos son centrales, es su característica llamativa. Los hermanos Cuculic partieron a Europa hace 18 años, dos de ellos viven en Alemania y desde allí se proyectan al resto del continente.Mess­ti­za­je, (IG @mess­ti­za­je) es una ban­da que se abre ca­mi­no en la es­ce­na ber­li­ne­sa -­Alemania-­, des­de 2014.

 

En 2017 se con­so­li­dó con dos her­ma­nos co­rren­ti­nos, un mi­sio­ne­ro, un ru­so y un co­lom­bia­no. Se des­ta­ca por la fu­sión de gé­ne­ros con­tra­pues­tos, co­mo el me­tal, la cum­bia y tam­bién otros gé­ne­ros. Or­ga­ni­za­ron un fes­ti­val pro­pio pa­ra po­der abrir­se puer­tas, y de es­ta ma­ne­ra afian­zar­se e in­ser­tar­se en el cir­cui­to mu­si­cal eu­ro­pe­o.

 

Tal vez esa di­fe­ren­cia de na­cio­na­li­da­des y la ri­que­za que ca­da pa­ís al­ber­ga en cuan­to a lo mu­si­cal, for­ta­le­ció en ellos la mix­tu­ra que pro­po­nen, sin em­bar­go eso no les pa­re­ce al­go tan des­ca­be­lla­do, al con­tra­rio, tie­nen co­mo ob­je­ti­vo el dis­fru­te de la mú­si­ca sin ba­rre­ras.

 

Com­po­nen la agru­pa­ción Ev­ge­nii Vla­sov (32) de Ru­sia, en el ba­jo; Ni­co­lás Ga­gliar­di (31), de Mi­sio­nes, en tim­ba­les y sin­te­ti­za­do­res; Jor­ge Oroz­co (35), de Co­lom­bia, en con­gas y per­cu­sión; Ma­tí­as Cu­cu­lic (28 años), can­tan­te y pro­duc­tor, y su her­ma­no, Ce­sar Cu­cu­lic (37 años), co­mo gui­ta­rris­ta. Es­tos úl­ti­mos son los co­rren­ti­nos que, jun­to a un her­ma­no más y sus pa­dres, par­tie­ron a Eu­ro­pa ha­ce 18 años, em­pu­ja­dos por la cri­sis so­cio­e­co­nó­mi­ca que se vi­vía en Ar­gen­ti­na.

 

En la si­guien­te en­tre­vis­ta, Ma­tí­as nos cuen­ta có­mo es el ca­mi­no de la mú­si­ca.

 

¿Quié­nes les in­cul­ca­ron su pa­sión por la mú­si­ca?


Nues­tros pa­dres es­cu­cha­ban muy bue­na mú­si­ca, mi vie­jo no te­nía pro­ble­mas en es­cu­char rock o me­tal y des­pués po­ner al­go co­mo va­lle­na­to.

 

Tam­bién mis her­ma­nos ma­yo­res iban des­cu­brien­do nue­vos gé­ne­ros en su ado­les­cen­cia, co­mo el reg­gae y es­tu­dia­ron en el Ins­ti­tu­to de Mú­si­ca en Co­rrien­tes. Yo no tu­ve for­ma­ción has­ta los 16, cuan­do en­tré a un ins­ti­tu­to pri­va­do a es­tu­diar en Bar­ce­lo­na, pe­ro en ge­ne­ral so­mos au­to­di­dac­tas.

 

El es­ti­lo mu­si­cal que ge­ne­ra­ron, ¿en qué los di­fe­ren­cia de otras ban­das del lu­gar en el que vi­ven?

El es­ti­lo mu­si­cal que ge­ne­ra­mos se di­fe­ren­cia de otras ban­das de la es­ce­na por­que no te­ne­mos pre­jui­cios a la ho­ra de po­ner con lo tro­pi­cal un so­ni­do más dis­tor­sio­na­do o du­ro. Pe­ro siem­pre bus­can­do la co­he­ren­cia, pa­ra que ten­ga sen­ti­do y no sea tan cho­can­te, que­re­mos lle­gar a un so­ni­do hí­bri­do. Ex­pe­ri­men­ta­mos, no só­lo con rit­mos la­ti­nos si­no con otros más roc­ke­ros y elec­tró­ni­cos tam­bién.

 

¿Có­mo es el cir­cui­to mu­si­cal en el que se in­ser­ta­ron?


No es­ta­mos in­ser­ta­dos al 100% en el cir­cui­to mu­si­cal, ob­via­men­te, hoy la gen­te nos ve más en el cir­cui­to la­ti­no, pe­ro al prin­ci­pio fue muy di­fí­cil en­con­trar al­gún pro­mo­tor que nos quie­ra con­tra­tar, no so­lo por la mez­cla de es­ti­los, si­no por­que nues­tro ma­te­rial más pro­fe­sio­nal es par­te de un fes­ti­val pro­pio.

Hi­ci­mos un con­cier­to en vi­vo y cre­a­mos ma­te­rial vi­sual pa­ra que los pro­mo­to­res tu­vie­ran más con­fian­za en nues­tras pre­sen­ta­cio­nes.

 

¿Cuá­les fue­ron los re­sul­ta­dos destacados de esa ex­pe­rien­cia?


Al lo­grar ha­cer nues­tro pri­mer con­cier­to en vi­vo, nos abri­mos mu­chas puer­tas. De ahí sa­lió el re­ci­tal en Ber­lín y me­ses des­pués lo­gra­mos ir a Pra­ga, don­de fil­ma­mos y cre­a­mos más ma­te­rial pa­ra ir man­dán­do­lo a otros pro­mo­to­res. En­ton­ces, se ve que a la gen­te le gus­ta esa mez­cla de es­ti­los, co­nec­tan con esa su­bi­da des­de un rit­mo la­ti­no y bai­la­ble has­ta que la can­ción cul­mi­na con al­go roc­ke­ro. Y, al fi­nal, el con­tras­te no es tan gran­de.

 

¿Có­mo es fu­sio­nar gé­ne­ros tan con­tra­pues­tos co­mo me­tal y cum­bia?


Es bas­tan­te arries­ga­do: el me­ta­le­ro siem­pre va a te­ner pre­jui­cios a la ho­ra de es­cu­char rit­mos la­ti­nos, pe­ro so­bre to­do, la cum­bia en sí, in­clu­so en los cir­cui­tos la­ti­nos, y so­bre to­do en Eu­ro­pa, es bas­tan­te dis­cri­mi­na­da. Y en la es­ce­na de la cum­bia pa­sa lo mis­mo con el me­tal. La fi­lo­so­fía de Mess­ti­za­je es jun­tar la ma­yor can­ti­dad de fa­ná­ti­cos de la mú­si­ca, por­que al fi­nal que­re­mos plas­mar esa in­fan­cia y ado­les­cen­cia que vi­vi­mos en Ar­gen­ti­na, en la que es muy nor­mal mez­clar gé­ne­ros.

 

¿Có­mo es la es­ce­na ber­li­ne­sa?


En la es­ce­na ber­li­ne­sa es di­fí­cil que ha­ya gen­te 100% cum­bie­ra o me­ta­le­ra, so­bre to­do si ha­bla­mos del pú­bli­co la­ti­no. Pe­ro la gen­te des­pués de nues­tros con­cier­tos vie­ne y nos di­ce: “A mí no me gus­ta x (e­quis) gé­ne­ro, pe­ro lo que hi­cie­ron us­te­des me gus­tó mu­cho”; tam­bién es­tán quie­nes vie­nen a nues­tros con­cier­tos sin ex­pec­ta­ti­vas y co­nec­tan a full y dis­fru­tan.

 

¿El rit­mo fes­ti­vo pa­ra us­te­des rom­pe con el pre­jui­cio del con­te­ni­do de las can­cio­nes?

De­fi­ni­ti­va­men­te. Un buen ejem­plo de eso es Ca­lle 13, que trans­mi­te un men­sa­je que cues­tio­na la re­a­li­dad la­ti­no­a­me­ri­ca­na, pe­ro la ba­se es el re­gue­tón; lo mis­mo que los Fa­bu­lo­sos Ca­di­llac, que lo­gra­ron mez­clar gé­ne­ros de una ma­ne­ra ma­gis­tral.

 

El bi­lin­güis­mo o con­vi­ven­cia de dos len­guas, ¿a qué se de­be?


La fu­sión de len­guas vie­ne de ejem­plos de la es­ce­na ar­gen­ti­na, co­mo Su­mo, que re­vo­lu­cio­nó e hi­zo que los ar­gen­ti­nos can­ta­sen te­mas en in­glés. De Pu­ya, una ban­da de Puer­to Ri­co, pio­ne­ra en mez­clar rit­mos la­ti­nos con me­tal, que can­tan en in­glés y en es­pa­ñol. La elec­ción de can­tar en va­rios idio­mas es lo mis­mo que ha­cer va­rios es­ti­los. Te­ne­mos al­gu­nos te­mas con fra­ses en fran­cés y otras en es­pa­ñol.

 

¿Y las le­tras?


Al­gu­nas le­tras cues­tio­nan los pre­con­cep­tos y otras son más so­cia­les. No to­das las le­tras son pro­fun­das, a ve­ces só­lo se quie­re con­tar una his­to­ria con la que otros se iden­ti­fi­quen, co­mo “Cum­bia del ile­gal”. Eso no quie­re de­cir que ma­ña­na no po­da­mos ha­cer te­mas con men­sa­jes mas ba­na­les, lo que sí nun­ca va­mos a ha­cer, es una le­tra en la que de­ni­gre­mos a al­gún co­lec­ti­vo o gru­po de gen­te. Un men­sa­je de unión mu­si­cal, de no te­ner pre­jui­cios a la ho­ra de es­cu­char mú­si­ca, y ade­más de unión so­cial, por­que hay que con­vi­vir, eso es lo nues­tro.

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