Este sofocante verano que despide al año 2019, solo confirma la desastrosa prestación de servicios que se brinda desde la Dirección Provincial de Energía. Una DPEC deficitaria a todas luces o, mejor dicho, a puros cortes, agravados porque “afuera” la sensación térmica siempre supera los 45º.
El correntino, en tren de la resignación, ya no pide siquiera descansar –dormir la siesta o la noche-; sino al menos poder vivir mínimamente ante tantas interrupciones prolongadas de luz. Sucede a cualquier hora.
Las quejas de los usuarios cautivos se multiplican por todos lados. Todos se quejan, aunque sobrevivan en cualquier sector de la ciudad.
La excusa anterior desde la órbita oficial era que las tarifas no se movían y la luz estaba “muy barata” en Corrientes y así no se podía sostener el servicio. No alcanzó que en el año 2018 subieran las boletas alrededor del 40% para un sistema que siguió siendo malo. En 2019 fundamentados en razones y mediciones técnicas, la luz mala se incrementó alrededor de otro 40% y el sistema siempre se vio colapsado. Nunca hubo respuestas desde la DPEC.

Ahora, en la continuidad de una política deficitaria, también en materia energética; ni lerdos ni perezosos desde la Intervención del organismo energético, ajustaron las tarifas en otro 23% a partir de diciembre. Consecuentemente el sistema de distribución domiciliaria siguió siendo pésimo. Aseguran que en febrero del naciente 2020, las boletas que llegarán a los hogares correntinos subirán otro 20%.
Mientras tanto con 45º de calor y sensaciones térmicas cercanas a los 50 grados, en todas las casas de Corrientes se prende y se apaga la luz de un farol. No es necesario que sea Navidad. Simplemente es la luz mala Provincial.
En el medio continúan los 20 años de un gobierno radical, que también se ha caracterizado por no mostrar ninguna inversión energética. Paradójico en una Provincia que tiene a la represa hidroeléctrica de Yacyretá a mano, en su propio río.
A transpirar se ha dicho. Un corte y volvemos.