Las dos principales ciudades de la provincia, lucen dos de las peores estaciones terminales automotores del país. La capital correntina presenta una terminal con productos del abandono de treinta años de un servicio ferroviario que se fue para siempre, pero dejó como testigos a vagones y remedos de vías con durmientes, durmiendo el sueño eterno de los insensatos, enterrados en montículos de tierra y pastizales junto a chatarra olvidada hace más de tres décadas.

En la parte frontal, lo único que funciona bien es el cobro del peaje para la utilización de dársenas, donde el pasajero se puede tropezar con vendedores ambulantes de todo tipo, cuando no con alguna bienvenida indeseada de palomas y una mediana higiene que hace algo menos tediosa la espera de las unidades que podrán llevar a cualquier punto del país a eventuales pasajeros. De modernidad y funcionalidad. Ni hablar en la terminal de avenida Maipú.

La otra terminal es de Goya. La principal ciudad del interior provincial, presenta lo que es un verdadero cuadro grotesco de servicios. Toda esa zona céntrica que recibe a centenares de pasajeros diarios, está permanentemente a oscuras, donde solo hay luz cuando alumbran faros de los micros. Aseguran algunos testigos de ese inmueble añejo, que el generador eléctrico es uno pequeño que apenas alcanza para alimentar un foco.