El obispo auxiliar de Corrientes, José Adolfo Larregain, arribó ayer a Corrientes luego de permanecer más de 10 días aislado en Buenos Aires por haber padecido COVID-19.
El religioso dialogó con época y dejó profunda reflexiones acerca de la pandemia y su influencia en la vida actual.
"El coronavirus es algo serio y muy delicado; aún en esta instancia de la variante Ómicron, que es más leve y distinta. Es una variante que no hay que subestimar, eso debemos tenerlo claro", afirmó el franciscano.
En el plano de su experiencia con la enfermerdad, sostuvo que "yo cursé la enfermedad con síntomas leves, tuve un poco de fiebre y dolor de garganta, no mucho más. Cumplí el aislamiento a rajatablas y la pase muy liviano".
En cuanto al post COVID (etapa posterior a la recuperación), el Obispo narró que "el virus deja sus consecuencias, trae inconvenientes y esto varía mucho en cada organismo. Depende de si uno tiene enfermedades de base y hay circunstancias psicológicas, físicas y clínicas que pueden ejercer su influencia".
Convivir
Larregain sumó que "la vigencia de la pandemia nos insta a hacer un trabajo de educación, tanto en lo personal como en lo social. Tenemos que aprender a convivir con el COVID. Reeducarnos implica mucho cuidado, conocimiento, responsabilidad y respeto ante estas situaciones que no son pasajeras".
En esa postura, el mencionado añadió que: "Como dijo un filósofo: el cuidado de los demás es la forma más eficaz de cuidarnos a nosotros mismos. Entonces: cuando yo me cuido, también lo hago con el otro, con los demás".
"No debemos bajar la guardia, es central el cuidado personal, la higiene, el barbijo, el distanciamiento social, lavarse las manos. Son herramientas que permiten cuidarnos y eso es valioso, no hay que subestimar al virus", recalcó.
Lo simple y lo sencillo
Consultado acerca de qué enseñanzas nos deja este tiempo interminable de cuarentena, el Obispo Auxiliar aseveró: "El aislamiento nos tiene que dejar la enseñanza de aprender a escucharnos a nosotros mismos y tenemos que darnos cuenta también del valor de lo simple, de lo sencillo y cotidiano del día a día".
"Estos ya casi dos años de pandemia tienen que servir para que observemos lo valiosa que es la cercanía con los seres queridos y el afecto en general, el dialogo y el compartir. Al darnos cuenta de eso entendemos lo trascendente que es no estar distantes", ahondó en su reflexión.
"En ese plano, las redes sociales y la tecnología ayudaron mucho a los que estuvieron lejos de sus familias o cursaron la enfermedad en soledad. El COVID nos aisla y separa, pero aún así no tenemos por qué estar distantes", valoró.
Confianza
En otro tramo de la charla con este medio, monseñor Larregain dedicó conceptos para los enfermos y las personas que perdieron familiares o allegados por el coronavirus.
"A los enfermos les pido que tengan paciencia y confianza. Los insto a aprovechar este tiempo que se vive como un tiempo espiritual. Dios está con nosotros siempre, nos fortalece y ayuda a cargar la cruz de cada día, hay que abrazarse a la fe", consideró.
Al párrafo seguido, sostuvo que "los que perdimos seres queridos tenemos que buscar en Dios la paz, la serenidad y la confianza. Él siempre está ahí y su presencia se siente a nuestro lado. Son tiempos difíciles y nos reconforta saber que un día nos vamos a reencontrar con esas personas que ya no están".
Por último, el religioso destacó el aporte de todo el personal sanitario que lucha por curar a quienes padecen el virus, aún a costa de poner en riesgo su propia vida. "Al personal sanitario quiero darle muchas gracias y felicitarlos con letras mayúsculas, que Dios retribuya su inmensa entrega", cerró.