En los hogares solo se alcanza a cubrir la mitad de la canasta básica. En simultáneo crece la pérdida de fuentes de trabajo.
Las medidas de aislamiento dispuestas para contener el avance del coronavirus impactaron sobre los ingresos de los sectores de bajos recursos y eso hizo que el nivel de pobreza trepara hasta el 45% en los últimos meses, analizó el director del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia.
Se aleja un poco más el horizonte de una regulación que garantice derechos para trabajadores informales.
El titular de una entidad que sigue indicadores sociales sostiene que “la caída de los ingresos laborales de los sectores informales de clase media baja duplicó el déficit de la canasta básica.
Mientras que la incidencia de la pandemia sobre la economía “desnudó los problemas estructurales de la sociedad argentina en cuanto a dificultades para generar una rápida recuperación”.
Con provincias
Con datos del área metropolitana de Buenos Aires, la observación es trasladable a la mayoría de los distritos con características semejantes. Salvia aclara que hay dos tendencias: una en las provincias donde hubo reapertura económica y otra donde no la hubo y “en la que seguramente se ha incrementado la pobreza”.
“La crisis golpeó a los sectores informales pobres, los cuales han tenido un piso de protección social a través de los programas de transferencia de ingresos, pero están perdiendo sus fuentes de trabajo por la reducción de la demanda”, indicó.
Demanda laboral
Salvia remarcó que el trabajo informal en el mediano plazo será escaso y que, desde el punto de vista estructural, eso significará “una profundización de la pobreza, no solo por ingresos, sino en cuanto a capacidades de consumo e inversión en el propio desarrollo humano personal, familiar o comunitario. Con la pérdida de trabajo se empieza a desinvertir en alimentación, educación, vivienda; esto fomenta un proceso de empobrecimiento estructural y de mayor desigualdad social”