Si bien son el atractivo para un paseo después de visitar a la Virgen, los ojos de los visitantes parecen no ver más allá de lo colorido del espacio para compras. Monseñor Stanovnik, incluso sumándose a reflexionar sobre esa conducta, instó a comprometerse a "todos" para revertir los riesgos por la precariedad de los puestos.
En la homilía de la Misa por los 50 años del Pequeño Cottolengo Don Orione el pasado lunes 21, el arzobispo, Andrés Stanovnik dedicó una espacio destacado a la precariedad de los puesteros de ventas en la vía pública, ubicados detrás del muro de ese establecimiento y que "se extiende todo alrededor", precisó.
En la procesión con la imagen de la Virgen para ingresar al Cottolengo pasó por la calle donde se encuentran esos puestos, informó Noticias Itateñas.
En un tramo de la homilía, manifestó que por la mañana cuando vino y vio "lo que hay detrás", no dejó de hacerle pensar en los puesteros ubicados sobre la vereda lateral del predio, aunque reconoció que para "los que viven acá están habituados, acostumbrados e insensibles, como yo también después de 10 años", a verlos allí. Y pese a ello, advirtió que "cuando bajaba por ese camino, recordaba lo que hay detrás de ese paredón, que no se viene abajo por milagro, porque está desde el otro lado totalmente ocupado por familias itateñas que tratan de salir adelante como pueden".
Apuntó entonces que "tenemos que mirar de frente esa realidad también, esa que se extiende por todo alrededor, que no significa precisamente dignidad de esta comunidad, y no solo de esta", dijo para reflexionar sobre la necesidad de comprometerse con revertir el hecho, "porque la responsabilidad de estas situaciones precarias, sumamente precarias y además expuestas a muchísimos riesgos, basta con ver los cables, no es sólo del Vicegobernador o el Intendente: cada uno tenemos nuestra responsabilidad, al menos a nivel de complicidad".
"Yo, si lo digo acá, no me desentiendo, todos somos responsables, cada uno en el nivel de capacidad o en el nivel de responsabilidad que le corresponde", analizó y dijo que lo pone como "ejemplo, porque se nos cae encima", enfatizó.
Insistió en que "son cosas que debemos mirarlas de frente" porque "en la medida que las miramos de frente podremos resolverlas. Podemos salir de la insensibilidad y del acostumbramiento que tenemos de las cosas negativas con las cuales convivimos".
"La persona, el ser humano tiene una capacidad increíble de hacerse insensible al dolor, es increíble. Ya no lo sentimos ni lo vemos, hasta que un golpe en la vida nos hace tomar conciencia", remarcó el Pastor mayor de la Iglesia en la provincia de Corrientes.
Itatí me duele
En alguna oportunidad, en este mismo diario, escribí algo sobre el Pueblo de la Virgen, donde mis padres, ambos ya fallecidos hace muchos años, me llevaron a bautizar el 12 de diciembre de 1961, a quienes agradezco cada día por haber sembrado en mí la semilla de la Fe, que el Espíritu de Dios luego hizo germinar.
Por cierto en ese caso no fue para referirme a algo agradable, sino por lo contrario: el abandono empedernido que padece la pequeña localidad que debería ser, por su esencia misma, un jardín en la provincia. Y lamentablemente no lo es.
"Una cosa es ser pobre y otra es ser sucio", me decía mi mamá cuando chico (aplíquese aquí en sentido amplio, más allá de limpieza). Eso me temo, parece ser lo que sucede allí. Tal vez como dice nuestro Padre y Pastor, monseñor Stanovnik, por el caso de los puesteros sobre la calle lateral de la Basílica y en la que se dirige al río, por acostumbramiento nos volvemos insensibles; miramos, pero no vemos.
La ocasión en la que viajo a venerar a Nuestra Madre -para quienes somos creyentes- me pone triste ver pegadito a su Casa el caos y el peligro, ya que al caminar por esa arteria donde en la foto de esta página se ve pasó la procesión, en medio de los vendedores y de los visitantes hasta suelen transitar vehículos. Las probabilidades son ciertas: desde chocar a algún caminante o producirse un incendio por la precariedad de las instalaciones.
¡Que la Virgen siga protegiendo a quienes allí trabajan para llevar el sustento a sus familias por ese medio!
Aunque sí les corresponde al desfile de autoridades municipales reflexionar sobre lo que hicieron o dejaron de hacer para diagramar lugar y estructuras por la calidad del servicio a visitantes, por la dignidad de los propios. Aunque ahora se supo, se hará algo al respecto.
Por eso y otras cosas más graves aún, conocidas por el país, Itatí me duele.