Si bien hasta aquí sólo se "ejecutaron" dos de las diez oscuras musicales, ya es tiempo para "mirar en palabras" la 35° edición nacional de la Fiesta del Chamamé.
Sirven además estas dos cálidas lunas, como seguramente lo harán, para los infaltables y habituales retoques como sucede en cada evento como este. Hasta aquí, más aplausos qué algún silbido embriagado qué no falta.
Hasta aquí coincidirán o no, pero... hay que sacarse el sombrero ante la "guaina".
Lourdes Sánchez se jugó "contra viento y marea" como dice el refrán, pero aquí vale cambiar el eslogan por las últimas inclemencias en nuestra ciudad. Se jugó contra "mal tiempo e inundaciones”. Sortear entre amores y odios. Contra los prejuicios infaltables. Contra los interesados deseos al fracaso. Contra las velas negras encendidas y el payé como bienvenida.
Le tocaba entre una prueba de amor o una prueba de fuego a pocos días de hacerse cargo del Instituto de Cultura. A sólo días se puso al hombro un emblema del país que traspasa los muros de nuestra frontera. Sus contactos, relaciones y el soporte principal del Chato, su marido, fueron suficientes para animarse a poner como espaldar a la fiesta mayor del Chamamé.
Claro, como tan gigante evento, siempre hay algún detalle que revisar. Suficientes noches restan para lograrlo. Televisación, tiempos de los artistas en el escenario, disposición de grilla, seguridad, estacionamiento, iluminación, puesta en escena y poco presupuesto muestran hasta aquí un pasaje promisorio. Muy pronto para saldos, pero la proyección indica el camino.
Amada y odiada. Con expertise o sin ello. Tuvo magnanimidad. Una disposición hacia dar más allá de lo que podía.
De entregarse hasta lo último, de emprender sin miedo, de avanzar pese a cualquier adversidad.
Que los Inundados, los desposeídos, salarios bajos y que el plan hídrico y mucho más, sí con toda razón. Mucho por hacer.
Pero si de Turismo se trata ésto es turismo.
Y ella está ocupándose de lo que le compete.
Bienvenida tercera noche.