La tragedia que el 1 de agosto de 2015 enlutaba al barrio Aldana no tardó en convertirse en el puntapié inicial de un foro de seguridad barrial que poco a poco fue sumando a vecinos de toda la ciudad, preocupados por la realidad que casi sin darse cuenta los había encerrado. En contacto con este medio, Mónica Mallorca, referente del barrio Aldana, habló del camino recorrido, los avances y los proyectos del foro que constituyeron hace cuatro años.
Todo comenzó en la capilla San Juan Bautista del barrio Aldana, donde el padre Goyo, en ese entonces el sacerdote del templo, decidió abrir las puertas y sumarse a la demanda de seguridad de los vecinos. “La tragedia de Maxi, nos puso de pie, nos despertó como sociedad y entendimos que debíamos comenzar a golpear puertas para cambiar la realidad que poco a poco había hecho que nos encerremos, que no hablemos con el vecino y que nos dediquemos a poner rejas. Comprendimos que no podíamos vivir con miedo y nos comenzamos a juntar, a golpear puertas y reclamar”, comenzó recordando.
“Las reuniones fueron concurridas en algunas ocasiones y un tanto desoladas en otras, fuimos recibiendo apoyo de diferentes sectores porque siempre remarcamos que no teníamos otra bandera más que la de la seguridad, así fue como primero conseguimos la presencia de caminantes y luego llegaron las aplicaciones como el Sistema de Alarma Vecina (SAV) y el botón antipánico, también el grupo de whatsapp, el cual está integrado por los vecinos y la comisaría.
“Cuando comenzamos éramos unos pocos del barrio Aldana, luego se sumaron los vecinos del barrio La Rozada, Bañado Norte, Nuestra Señora de Pompeya, Yapeyú, Libertad y Camba Cuá que son con los que más contacto tenemos”, explicó.
De manera paralela el foro sumó a otros barrios que comenzaron a trabajar de manera paralela y entre todos lograron avanzar en pedidos colectivos y otros particulares. “Fuimos viendo que la realidad de toda la ciudad iba cambiando, que las necesidades de un sector no eran las del otro, y por eso cada barrio fue realizando su pedido”, señaló.
El enfoque de los vecinos fue lo que se fue contagiando y sobre todo la necesidad de vivir más seguros. “El estar en contacto y hacer uso de las nuevas tecnologías nos permitió ir creciendo en mucha responsabilidad y sobre todo trabajar en el compromiso ciudadano”, resumió Mónica, quien hoy se enfoca no sólo en el tema de la seguridad, sino también en acciones que hacen a una mejor convivencia en el barrio.
“Nunca pensé que íbamos a llegar tan lejos, pero la verdad es que estoy orgullosa de lo que generamos; sabemos que falta mucho, pero es importante seguir adelante”, resumió.
Entre los proyectos a futuro y los pedidos que se encuentran dentro de los temas a resolver, desde el foro destacan que la iluminación en las calles es un factor muy importante. “Por ejemplo hemos logrado poner en valor la plaza Piragine, que muchos años estuvo sin iluminación, sin espacios para los chicos; hoy está hermosa, los vecinos volvieron a la plaza y entre todos la estamos cuidando; pero ahora nos preocupa la falta de luz en la calle Uruguay desde Poncho Verde hasta Cabral y su ingreso a la playa El Yacaré. Ya enviamos notas y vamos a seguir insistiendo para que eso se resuelva”, adelantó.
LAS REUNIONES
Los encuentros del foro se realizan martes de por medio en el salón de la parroquia San Juan Bautista, desde las 19.30. Allí los vecinos debaten sobre diferentes temas y buscan alternativas para resolverlos. “Trabajamos mucho en el compromiso social, porque si pedimos iluminación de calles es para todos, no sólo para los que pedimos, es algo que debemos comenzar a entender como sociedad”, finalizó.
EL CRIMEN
Maximiliano Aquino era estudiante de Agronomía y había llegado de su San Roque natal para abrirse camino en la universidad. El joven fue asesinado a puñaladas por delincuentes en la madrugada del 1 de agosto de 2015 y su cuerpo fue asistido infructuosamente sobre la calle Uruguay 393, donde actualmente hay una placa conmemorativa. Días atrás, a cuatro años de su muerte, se realizó una misa en la parroquia San Juan Bautista.
Los vecinos lo recuerdan con pesar porque saben que la tragedia pudo ser para cualquiera de los jóvenes que viven en el barrio. La muerte del estudiante despertó alarma en los habitantes que salieron a las calles y comenzaron a hablar de inseguridad, conformando así el foro de seguridad que luego logró abrirse camino.
Ahora, los vecinos esperan tener un playón deportivo en la esquina de José María Rolón y Jujuy, al que llamarán “Maxi Aquino”.