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Entierros y tesoros: relatos que se reavivan con la aparición de buscadores de oro

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Corrientes tiene innumerables historias sobre fortunas escondidas. Muchas fueron encontradas y otras permanecen ocultas. Varios grupos cuentan con máquinas para detectarlas.

Quién no soñó alguna vez con encontrar un tesoro. Desde niños y durante toda la vida seguramente ese pensamiento se hizo presente más de una vez, al menos como una fantasía.

Porque más allá de ser un anhelo, la posibilidad es realmente remota. Pero, en Corrientes particularmente, las historias de entierros abundan, siempre combinadas con cuestiones sobrenaturales que muchos no creen, pero que tampoco se animan a desestimar del todo.

La Guerra de la Triple Alianza y otras vicisitudes históricas que vivió esta tierra ayudan a que esos relatos se multipliquen, con mucho de mito seguramente, pero muchas veces basadas en datos certeros. Esto hace que los relatos de cofres cargados de oro, apariciones fantasmales, sonidos extraños, cadenas y árboles ardiendo sigan generando interés. Y, aunque muchas veces quede solo en alguna lectura o en una historia contada verbalmente, también refuerza la ilusión de que, quizás, estemos cerca de algún entierro y pueda ser para nosotros.

El interés por estas cuestiones no disminuye, sino todo lo contrario. Los relatos siguen naciendo, reproduciéndose y se retroalimentan. Tanto es así que en Corrientes funciona desde hace un tiempo un grupo de personas que se encargan de buscar tesoros. Con máquinas especiales, pueden detectar la presencia de metales debajo del suelo, acudiendo a los domicilios en los que las personas tienen alguna sospecha cierta.

Origen

Enrique Galiana, principal estudioso y seguidor de estas cuestiones, dialogó sobre el tema con República de Corrientes. Comentó que "la búsqueda de tesoros dio lugar históricamente a cuestiones de avaricia". Además, señaló que "en Corrientes no había tanta riqueza monetaria, pero con la desgracia de la Guerra de la Triple Alianza llegaron las tropas de los países intervinientes y se instalaron en Corrientes, trayendo fortunas muchos de ellos".

Tomando en cuenta este contexto, se puede decir que en esta parte del mundo las historias de entierros y tesoros tienen alrededor de 150 años. "Los tesoros se escondían en las paredes, en pozos, debajo de un árbol o en cualquier lugar que pueda servir para ocultarlo", contó Galiana.
Señaló además que algunos de esos entierros fueron encontrados e incluso documentados, mientras que muchos otros no fueron registrados. El motivo principal es evitar que el Estado se quede con una porción importante del botín, y por eso la mayoría de las historias quedan en relatos verbales y no con un registro oficial.

"En general se encuentran de manera casual y no por buscarlo de manera deliberada", dijo Galiana. Asimismo, expresó que "el tesoro tiene sus custodios y desorienta a los que buscan, según dicen", alimentando la creencia de que los entierros están destinados a ser encontrados por personas específicas, y se reaviva así el sentido sobrenatural que atraviesa la mayoría de los relatos, más allá de su veracidad.

Por eso se repiten los comentarios no solo de muertes, sino de padecimientos que incluyen muchas veces a los familiares de las personas que se hicieron con un tesoro que no les pertenece, o del cual no eran los elegidos para poseer.

"Hay buscadores de tesoros, son varios grupos y tienen los aparatos, pero lo que sucede es que desconocen la historia de la ciudad y suelen hacerlo al tanteo". Puede sonar increíble quizás, pero hay buscadores de oro en Corrientes y aseguran que la demanda es importante.

Esas historias contadas y que supieron pasar varias generaciones encuentran ahora una manera de poder, al menos, sacarse la duda. Además el servicio, en caso de no encontrar algo valioso, es gratuito. Si se halla el entierro, los buscadores ofrecen el acuerdo y plantean que se divida el 50 % para el que contrata y el otro 50% para ellos.

Hallazgos

Aseguran que en el último tiempo encontraron varios objetos de valor, como por ejemplo una pava de hierro cargada con monedas de oro, de origen europeo y que a valor actual significaba "una fortuna". Si bien no existe un mercado formal para ese tipo de bienes históricos, algunos aseguran que se suele pagar hasta $ 4.000 el gramo. Más allá de esto, los especialistas advierten que no es tan sencillo encontrar un comprador, que lleva tiempo, pero que la espera vale la pena en caso de que el entierro sea importante.

Los patios de las casas antiguas y sobre todo entre las raíces de los árboles añejos suelen ser los lugares más propicios para encontrar un tesoro. Pero también aseguran que dentro de las viviendas suelen encontrarse, muchas veces en lugares de poca accesibilidad como el baño.

Esto se da porque muchas construcciones fueron hechas con posterioridad, y las obras avanzaron sin que se advirtiera la presencia del metal precioso.

Señales de que puede haber un entierro cerca sobran, pero la mayoría apuntan más a cuestiones sobrenaturales que históricas.

Además, esta creencia viene atada a otra con una fuerte raigambre popular: si no es para vos, no lo podrás obtener. Y es allí donde se mezclan también los temores. Durante muchos años se creyó, e incluso se sigue confiando en la idea, que al sacar un entierro que tenía otro destinatario implica ser víctima de una maldición.

Esta creencia viene desde hace varios siglos, luego de que las personas que encontraban tesoros tuvieran una muerte misteriosa. Científicamente explicaron que esto se debía, en realidad, a los efectos adversos para la salud que generaba el óxido de los metales enterrados, que afectaban gravemente las vías respiratorias.

Justamente esto llevó también a que se conformara, de manera informal, una especie de protocolo para poder sacar el entierro y vivir para contarlo. Muchos dicen que se deben abrir bajo el agua, y otros apuntan más, nuevamente, a rituales que no tienen que ver con este mundo.

El grupo de personas que se encarga de buscar oro aquí en Corrientes asegura tener aceitado un mecanismo para una extracción segura. Justamente ahí, además de las máquinas, se encuentra el atractivo que aseguran tiene el servicio, además de contactos con tasadores y potenciales compradores.

Lo cierto es que en pleno siglo XXI y lejos de aquella fiebre del oro que invadió Estados Unidos en su momento, Corrientes vive una especie de reconciliación con la búsqueda de tesoros. Las historias al respecto vuelven a tomar fuerza, si es que alguna vez la perdieron. En el imaginario colectivo existe una cantidad inusitada de monedas y elementos de oro con un alto valor económico que podría cambiarle la vida a cualquiera en cualquier momento, solamente con tener una corazonada y saber cómo hacerlo. La República

CREENCIAS CORRIENTES ORO
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