En el Juan de Vera los vecinos juntaron más de 3.000 botellas plásticas y les dieron utilidad práctica en un paredón. Harán visitas guiadas.
l uso de plásticos PET para la construcción crece desde hace mucho tiempo. Reciclar, unir a las comunidades con fines sociales y ambientales fue lo que motivó al área de Organización y Comunicación Comunitaria del Ministerio de Desarrollo Social, para avanzar con un proyecto que dio su primer fruto días atrás con la inauguración del primer ecomuro en el Centro de Día “Corazón de Niño”, ubicado en el barrio Juan de Vera.
Para conocer más sobre la iniciativa y su puesta en práctica, este medio dialogó con Eva Guerra, directora del área, y con Franco Fontoura, coordinador del Centro. Ambos dieron detalles del proyecto que incluyó la participación de los niños que asisten al lugar y de sus familias, y con el tiempo la comunidad toda se fue sumando tanto para donar plásticos como también en la construcción.
En junio pasado comenzaron las capacitaciones que se dieron con apoyo del equipo Girsu de la Provincia, en las que se explicaba a los niños y sus familias la importancia de reciclar, se dio información sobre los tipos de plásticos y su recuperación, y se trabajó en cambiar el concepto de basura por el de residuo con valor económico.
Sobre el tema, Eva Guerra destacó: “Lo que buscábamos era lograr una experiencia que una a los vecinos, que lo puedan hacer en comunidad y que les dé resultados que puedan ser tangibles para ellos. Luego de las charlas llegó el tiempo de recorridas por el territorio y finalmente la instalación de lo que dimos en llamar ‘puntos limpios’, que eran los lugares donde se depositaba el plástico”, remarcó.
En el mismo sentido, Franco agregó que “fueron los niños quienes se convirtieron en el motor de todo; ellos fueron los primeros en comenzar a traer botellas, sabían que había otros puntos limpios en la ciudad y que había un premio para el que más plásticos juntara, pero no sabían cuál sería, eso los motivó y en poco tiempo lograron llenar 15 cilindros.
Luego al ver los buenos resultados se convirtieron en los ganadores. Nos comunicaron que el premio sería la construcción de un muro, lo que hizo que todo el barrio se sumara y llenaron grandes cantidades de botellas”, explicó Franco.
Al principio la compactación fue artesanal, lo que significa que los chicos aplastaban las botellas saltándoles encima. “Nadie se imaginaba bien de qué se trataba y los niños lo tomaban como un juego”, resumió el referente del lugar.
A principios de octubre comenzó la construcción del muro, de la que participaron personas del Plan Fines, vecinos y albañiles del barrio, guiados por una empresa constructora en el proceso.
“Los primeros días los albañiles no podían comprender cómo sería la construcción; tuvieron algo de rechazo porque se les proponía una técnica muy diferente a la que estaban acostumbrados. No había ladrillos sino plásticos; en la base va un encadenado y cada metro y medio un pilar de cemento, luego se colocaron mallas de acero expandido y dentro los bloques de plástico, para finalizar nuevamente con el encadenado y el recubrimiento con revoque. Al final del proceso el muro es igual a un muro de ladrillos”, explicó Franco.
Pero nada fue simple, no fue hasta que el muro comenzó a tomar forma, tanto que quienes lo construían como los vecinos pudieron ver que aquellos plásticos que usualmente iban a la basura se convertían en un muro perimetral.
En total el muro tiene 32 metros de extensión y se utilizaron 3.300 botellas plásticas. La obra demandó 29 días en ser concretada.
“Estamos felices; más allá de la parte de ambiental, lo que hemos logrado es una experiencia transformadora dentro de una comunidad”, resumió Guerra. Norte Corrientes