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El extremo calor también afecta a la ganadería y el Inta brinda asistencia

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La zona de confort se da cuando los animales alcanzan el máximo comportamiento productivo de carne o leche y reproductivo, siempre que la dieta esté balanceada, con energía y proteína, y se suministre adecuadamente en cantidad y calidad, informó el especialista del Inta, Aníbal Fernández Mayer.

Para vacunos de carne, está compuesta por temperaturas que varían de 7° C a 26° C, mientras que para vacas lecheras debe ser de 5° C a 21° C. Además, esta se da cuando la humedad relativa oscila entre 10 por ciento a 50 por ciento y la velocidad del viento varía entre 5 a 8 kilómetros por hora.

«El estrés por calor se da cuando la temperatura ambiental es superior a los 26° C o 28° C, cuando la humedad relativa es mayor del 50 por ciento y cuando la velocidad del viento es menor a 5 kilómetros por hora», explicó.

SERVICIO DIGITAL

Para saber con exactitud cuáles son los valores que se registran, el Inta ofrece una herramienta que permite monitorear el índice de temperatura y humedad (ITH) en tiempo real, contando con información del pronóstico para los siguientes días y las condiciones de los días previos.

Esta herramienta está disponible en el sitio institucional del Sistema de Información y Gestión Agrometeorológica: http://siga.inta.gob.ar/#/ith.

Si bien la temperatura ambiente es importante para determinar el estrés calórico, por sí sola no es una adecuada expresión de la respuesta animal, ya que su efecto sobre el ganado es alterado por la humedad relativa, las precipitaciones, la dirección y velocidad del viento y la radiación solar, entre otros.

HUMEDAD Y VIENTO

La humedad relativa acentúa las condiciones adversas de las altas temperaturas y complican la efectividad en la disipación de calor por sudoración y respiración en el ganado. Si la humedad del aire es baja -zonas cálidas y secas-, la evaporación será rápida; mientras que si la humedad es elevada -zonas cálidas y húmedas-, la evaporación será lenta y, por lo tanto, se reduce la pérdida de calor y se altera el equilibrio térmico del animal.

El viento ayuda a reducir los efectos del estrés por calor y favorece la evaporación, estos efectos dependerán de su dirección y magnitud, ya que también puede ser un factor adverso para el confort animal.

Existen indicadores de estrés propios de los vacunos que interactúan entre sí en un ambiente con alta temperatura y humedad. Bajo condiciones de estrés calórico la frecuencia respiratoria puede ascender entre 65 y 120 jadeos por minuto, el consumo de materia seca se puede reducir, superando el 20 por ciento y puede afectar la actividad reproductiva.

Estos indicadores, en conjuntos con el ITH, permiten identificar situaciones de estrés calórico que interrumpen el bienestar animal. Frente a esta situación, el Inta realiza una serie de recomendaciones que, aplicadas de forma conjunta, permiten defender al ganado del estrés térmico.

CONSEJOS

Las dietas frías se presentan como una alternativa para enfrentar el estrés calórico difícil de disipar por los vacunos. «Esta dieta debe tener balanceada la fracción energética y proteica, con menor contenido de fibra de baja digestibilidad y mayor proporción de concentrados, promoviendo menores fermentaciones acéticas en rumen y haciendo un mejor uso de la energía generada», explicó Fernández Mayer.

Por otro lado, suministrar sombra y contar con aspersores y ventiladores permite propiciar una zona de confort. «En producción lechera, para amortiguar las altas temperaturas, se debería emplear sombra artificial o natural especialmente entre las 11 de la mañana a las seis de la tarde, para que los animales descansen adecuadamente», expresó el técnico.

Además, agregó que resulta importante contar con sombra donde se ubican los comederos y bebederos, y con grandes ventiladores bajo tinglados abiertos o media sombra donde los animales descansan y comen.

«En los meses del verano es clave que los animales tengan acceso a comida fresca, en calidad y cantidad durante toda la noche, suministrada al final de la tarde», desarrolló Fernández Mayer, ya que de esta forma se podrán sostener altas producciones de carne o leche.

«Los animales consumen una alta proporción de la materia seca durante las horas nocturnas, en los meses de verano pueden consumir hasta el 60 por ciento del total en este período», agregó. En este sentido, estas proporciones pueden ser suministradas a última hora de la tarde de acuerdo a cada sistema productivo, a la categoría animal y a las características de cada dieta.

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