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Info General Misa en honor a la Divina Misericordia

Desde el barrio San Marcos, Monseñor Stanovnik pidió cuidar a los más vulnerables

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Crédito: 146514

El arzobispo brindó una misa trans­mitida por redes sociales y puso el acento en enfrentar con paciencia la cuarentena.

 


a decisión de monseñor Andrés Stanovnik de llegar hasta la capilla del barrio San Marcos que en pocos días celebrará a su san­to patrono, para desde allí realizar la santa misa por la Divina Misericordia, no es de sorprender. El prela­do conoce a esa comunidad y buscó la forma de dar su apoyo una semana después días en los en que el ba­rrio fue aislado. “Me alegra mucho poder celebrar la santa misa el domingo de la Divina Misericordia en la Capilla de San Marcos y sentirme muy unido a esta comunidad, y con ustedes y el párroco el padre Daniel Masares, a toda la comuni­dad arquidiocesana. En esta sorpresiva e inquietante situación en la que nos en­contramos todos, ustedes padecieron recientemente el aislamiento del barrio que los hizo sufrir, armarse de paciencia, y reforzar el cuidado y la atención a los más frágiles”, comenzó di­ciendo.


Para luego agregar: “por medio de esta transmisión nos acercamos a los pacien­tes y personal sanitario del Hospital Llano, en particu­lar desde la sección de ma­ternidad y nos unimos de modo muy especial a la per­sona con diagnóstico posi­tivo del covid-19 y otras dos en situación de sospecha, que están internados allí, y a sus familiares. Sepan que los acompañamos y les de­seamos una pronta recupe­ración”.

 

“Agradezco que podamos encontrarnos, aunque sea a través de las redes sociales, para celebrar la Eucaristía y, por medio del poder de la palabra de Dios y la comu­nión con Jesús Resucitado, sostenernos, animarnos, y hacer frente juntos a la pandemia del virus y del dengue, con la actitud que nos corresponde a los cris­tianos”, dijo poniendo el acento en las dos realidades sanitarias que enfrenta hoy la provincia.

 

“Vayamos a la palabra de Dios, la lectura de los He­chos de los Apóstoles nos narra la experiencia de un período feliz de las primeras comunidades cristianas. Se reunían para escuchar las enseñanzas de los Apósto­les, para la fracción del pan y para compartir sus bienes. En ellas reinaba un ambien­te de alegría, sencillez y ala­banza (cf. Hch 2,42-47). Eso es lo que todos anhelamos. No hay familia, comunidad, pueblo que no desee la fe­licidad y vivir en paz y ale­gría. Sin embargo, no es tan fácil alcanzar ese ambiente de fraternidad donde rei­nen esos valores que tanto ansiamos”, señaló.


“Jesús resucitado se da a conocer a sus discípulos mostrándole sus manos y su costado. Ellos, al reco­nocerlo, “se llenaron de ale­gría”. Es entonces cuando Jesús les reitera el saludo de la paz y les concede el don del Espíritu Santo y el poder de perdonar los pecados, es decir, de derramar perdón y misericordia, porque ese es el río de amor que fluye a raudales de las entrañas de Dios Padre, que nos creó por amor y nos redimió por su gran misericordia. Jesu­cristo es el rostro de la mi­sericordia del Padre. Quien lo ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14,9)”, explicó.

 

Luego el prelado destacó la importancia de practicar la misericordia dentro del hogar, “en las circunstan­cias difíciles en las que nos encontramos todos, esta­mos llamados a ser miseri­cordiosos. En ese pequeño espacio físico de la casa en el que debemos permanecer y aprender a tenernos mucha paciencia, a perdonarnos y a cuidarnos, con una aten­ción especial a los abuelos que son los más vulnerables de la familia ante los males que nos amenazan. El co­razón del que actúa de ese modo se llena de paz y de alegría, y de esa fortaleza que proviene de Jesús cru­cificado y resucitado, que lo sostiene en las pruebas más duras de la vida”.

 

Luego remarcó, “antes de concluir, les propongo que recordemos la frase del apóstol Pedro en la que hace referencia al gozo que siente en su corazón el que cree en Jesús y de las prue­bas por las que inevitable­mente tiene que pasar como todo ser humano: ‘Ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente’. Es probable que entre las pruebas que debemos sufrir hoy es quedarnos en casa para cuidar la propia vida y la vida de nuestros seme­jantes, seamos responsables y cumplamos estrictamente las disposiciones sanitarias, aunque nos cueste. Estemos a la altura de la prueba y mostremos que somos ca­paces de mirar al hermano y cuidarlo”.

 

Y dijo: “finalmente, así como nos estamos prepa­rando con una buena pre­visión para atender a los posibles infectados y acom­pañar a sus familiares, pen­semos también de un modo orgánico cómo vamos a enfrentar la prueba de la subsistencia si se llegara a agravar esta situación y lue­go cuando la vayamos su­perando. La prioridad para una atención humanitaria y social, debe estar orientada hacia los grupos más vulne­rables de nuestra comuni­dad. Será una dura prueba tanto para nuestras Cáritas, como para los organismos que tienen por función cui­dar a nuestra gente”.

 

Concluyó la homilía, “Je­sús Misericordioso, por me­dio de tu bienaventurada Madre y Madre nuestra, te pedimos que nos protejas de todo mal, fortalezcas con tu amor y misericordia a to­dos los que están al servicio de la comunidad, poniendo en riesgo sus vidas para cui­dar la de todos, aumentes en todos nosotros la fe y nos des un corazón sensi­ble para estar cerca de todo aquel que necesita una pa­labra de aliento o carece de lo nosotros podamos com­partir con él”.

 

CELEBRACIÓN  DE SAN MARCOS

 

El próximo 25 de abril, se celebra el día de San Mar­cos. En medio de la pande­mia la comunidad religiosa lleva adelante la novena to­dos los días a las 19 desde la fan page de la capilla.

 

Párrafo aparte le dedicó el prelado para la situación que vivió el barrio: “Fíjense cuántas cosas buenas aprendimos de la sorpresiva cuarentena a la que fue sometido el barrio. Y no sólo ustedes, sino todos los que tuvimos la ocasión de conocer y acompañar, por ejem­plo, los innumerables gestos de cercanía y de solidaridad que ge­neró ese incómodo y fatigoso aislamiento. Es conmovedor cons­tatar que en momen­tos de prueba se pone en evidencia la mise­ricordia y el amor que hay en tantos her­manos y hermanas. Personas de Cáritas y de otros organismos oficiales y privados, dieron testimonios heroicos de entrega. También es verdad que, en situaciones por las que atravesa­mos, aparecen lamen­tables egoísmos en personas que aprove­chan la situación para sus propios intereses, pero, los gestos de amor superan amplia­mente las conductas mezquinas”. Norte

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