La incertidumbre como espesa neblina ciega la visión y la versión de peligro inminente de la extinción del hombre sobre la tierra avanza sobre los continentes con la velocidad del tiempo real de las plataformas digitales. El fruto ácido de la duda, ingrediente natural del desayuno diario y, el libro de auto ayuda o la oración a Dios, siempre a mano, es el analgésico para superar el dolor.
El hombre soberbio que enfrenta a Dios y la naturaleza, la necedad que lo mueve a experimentar que no fue creado a su imagen y semejanza y, que es superior a Él y la naturaleza y es capaz de fabricar humano en laboratorio y producir guerra bacteriológica de extinción de su propia raza y levantar después el trofeo de la vacuna salvadora.
El hombre soberbio, parte de una élite, ínfima minoría que acumula el 90 % de la riqueza del mundo, al que denominan Estado profundo, en realidad Estado paralelo, poder económico y político supranacional, que instrumenta a los gobiernos elegidos por el pueblo, en lacayos y amanuenses de los intereses de dicha élite.
Los antiguos textos constitucionales de sesgo liberal , que proclamaban la soberanía del pueblo, al igual que las viejas máquinas de escribir sobre papel, superadas por el teclado digital, deberán ser objeto de revisión y emparentados con los parámetros novedosos de la relación política-derecho en su óptica de la biopolítica y del proceso jurídico remoto.
Cuando parece que todo está perdido, habrá que acudir a la conciencia y el espíritu de ese hombre de carne y hueso, que necesita de la libertad como del oxígeno para vivir e intentar recuperar el Estado de Derecho, lo que es posible defendiendo a la Nación propia, como comunidad que se habita y que con sublime amor, se llama Patria, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, como postula nuestra Constitución Argentina.
Por Aguedo Gómez