Sin sendas peatonales por dónde cruzar, los chicos de los barrios José María Ponce, Samela, Santa Rita, San Ignacio, Laguna Brava y Sapucay que asisten a la Escuela Nº 599 quedan expuestos a un constante peligro. En una semana comenzarán las clases y los vecinos de la zona reclaman arreglos que brinden seguridad a chicos y grandes, ya que continúan sin tener ningún tipo de seguridad al cruzar la Ruta provincial Nº 5 y quienes viven en la zona reclaman la presencia de agentes de Tránsito y mejoras viales.
La Ruta Provincial Nº 5 es altamente transitada y si bien hace varios años los habitantes del lugar insisten no sólo con el arreglo sino también con la presencia de agentes que organicen el tránsito, nada de eso ocurre. Empezarán las clases y los niños deben volver a cruzar por donde pueden ya que no existen sendas peatonales que les brinden prioridad de paso. Norte de Corrientes recorrió ayer la carretera provincial y observó cómo los problemas aumentan a lo largo de todo el trayecto que llega hasta el barrio Laguna Brava, al igual que el caudal de vehículos que circula por la vía que conecta esta capital con Santa Anta y San Luis del Palmar. Sin agentes de Tránsito ni señalización, los peatones deben arriesgarse a cruzar por donde pueden sin contar con ningún tipo de resguardo. La situación no es nueva para quienes todos los días deben circulan por la bicisenda ubicada en la Ruta Provincial Nº 5.
Según lo expresado por los damnificados, en varios puntos la vía se torna altamente peligrosa. Las personas consultadas por este medio destacaron que cientos de niños transitan por el lugar en distintos momentos del día para asistir a la Escuela Nº 599. Esto es un peligro, lo venimos diciendo desde hace muchos años. No hay señalización y todos cruzamos como podemos, explicó una de las vecinas. Una de las situaciones que se advierten es que uno de los semáforos se encuentra sin funcionar en la esquina de un supermercado mayorista, lo que agrava aún más la situación.
La bicisenda es primordial para circular en la zona y en varios tramos desaparece bajo la tierra, el barro y la basura. Esta es la única forma que tenemos para movilizarnos los que no tenemos autos, o caminamos o nos movemos en bicicleta, explicaron quienes transitan habitualmente por allí. Indignados ante la gran cantidad de accidentes que ocurren en esa zona, los vecinos resaltaron que tanto en el horario de ingreso como de egreso de la escuela los niños permanecen indefensos. En ese sentido reclamaron la presencia de agentes de Tránsito para custodiar el paso de los menores y además recordaron el accidente ocurrido en mayo de 2013, cuando un niño en ese entonces de 8 años, fue arrollado por una motocicleta y actualmente sigue postrado con daños irreversibles.
En las escuelas del centro montan amplios operativos para resguardar a los niños y acá, que los estudiantes realmente corren riesgo, están librados a su suerte, reclamó una de las madres que además admitió que teme por sus hijos cada vez que salen de su hogar. Andamos como podemos porque para los peatones no hay lugar. Las motos y las bicicletas deben también hacer maniobras peligrosas y salir a la ruta en varios lugares, explicaron. Detallaron asimismo, que en los días de lluvia y los sucesivos el barro impide el tránsito por varios sectores, lo que también obliga a la gente a caminar por la ruta, con el riesgo que representa.