La ciudad de Corrientes que acaba de soplar su velita número 431, tiene alrededor de medio millón de habitantes que, a esta altura de las circunstancias, ya no piden una ciudad pujante, como las primeras del país. Sino al menos “la ciudad que teníamos antes” con calles medianamente transitables, infraestructura aceptable y servicios básicos, aunque con fallas, al menos se observaban “implementados de vez en cuando”.

No se aceptan más las promesas de campaña, ni planes milagrosos que saquen “a flote” a la ciudad o que la hagan un sitio digno de vivir. No hace falta una gran lluvia o una mega demostración natural para evidenciar que Corrientes “hace agua por todos lados”.

Una de las tantas pruebas es el costoso enripiado que se desparramó por la ciudad, donde la famosa piedrita se escurre fácilmente de su cometido y deja a la luz de los hechos que cae derrotada por el avance de las aguas. Líquido molestoso que se queda varios días solo para traer múltiples inconvenientes a los vecinos. Mientras tanto, el intendente Tassano brilla por su ausencia.