Después de varios días tormentosos productos de temperaturas promedios que estuvieron en torno a los 40 grados, con sensaciones térmicas muy superiores y exasperantes cortes de luz; llegó la anunciada lluvia que despidió a octubre con cara de tormenta. Solo fueron meros anuncios, porque no llovió tanto.
A no ser que algún ocasional transeúnte se ubique, por ejemplo, en una esquina céntrica de nuestra capital, para tener la sensación que llovió una tonelada (“5.000 milímetros”, apuntó otro exagerado). Pero si cayó suficiente agua para complicar cualquier cruce en las arterias céntricas y en otras no tanto.

En menos de veinte minutos de lluvia, pareció que hubiera llovido un día entero. El centro comenzó a inundarse. Pese a todo, la buena onda estuvo presente y con algo de sarcasmo se aseguró que “el plan hídrico se está reperfilando”.
Otros alineados con la Nación, emularon a Macri: “no se inunda más… no se inunda más… carajo”.