(IMÁGENES) En la zona de la costanera vieja que comprende la avenida General San Martín, también se comprueba el club de amigos del municipio, donde ni lerdos ni perezosos, al contrario muy veloces y eficientes, se ocupan libremente con construcciones privadas en espacios públicos destinados al esparcimiento gratuito. La municipalidad brilla por su anuencia.
Con la apurada, casi desesperada autorización para construir un shopping en la playa Arazatí, el intendente Eduardo Tassano rompió con el criterio de playas públicas abiertas. Una vez naturalizado este avance de los capitales privados sobre los espacios públicos, parece que ya no hay límites.

Aquí van algunos ejemplos:
En la playa denominada Islas Malvinas “2”, a la altura del club de Canotaje, se preparan para arrojar mucho cemento y levantar construcciones definitivas.
La playa Arazatí paulatina y sostenidamente se va poblando de construcciones, fijas y precarias, para la explotación comercial del espacio público.
Muy pocos centuriones que se animan a defender la cosa pública, se muestran predispuestos a una batalla desigual, ante el ejército de intereses que hacen de la moneda un negocio frecuente con estas sugestivas autorizaciones del municipio de unos pocos.