El papa Francisco decretó ayer la beatificación del fraile catamarqueño Mamerto de la Ascensión Esquiú, un obispo con clara visión social, que declinó de transitar por los espacios revestidos de oropel y fue figura clave en la Asamblea Constituyente de 1853, el orador destacado en la redacción de la Primera Constitución de la Argentina.
Según informó el Vaticano, el Pontífice autorizó la promulgación del decreto de la Congregación para las Causas de los Santos para la beatificación del Venerable Siervo de Dios argentino. Esquiú perteneció a la Orden de los Frailes Menores y fue nombrado obispo de Córdoba en 1880. El sitio oficial Vatican News al dar la noticia ayer dijo que era un “obispo con visión social”.
El decreto del Papa se da días después de que una junta de cardenales reconociera el milagro atribuido a la intercesión de Esquiú, que se refiere a la curación, científicamente inexplicable de una niña que padecía osteomielitis.
Una vez declarado beato, se permitirá el culto público eclesiástico de Esquiú, aunque limitándolo a determinados lugares y familias religiosas, informaron fuentes del Obispado de Catamarca. Un beato es un difunto que mediante el proceso de beatificación ha sido nombrado así por el Papa en nombre de la Iglesia Católica. El término beato significa feliz (del latín beatus), o bienaventurado en sentido más amplio, y alude a la creencia de que esa persona ya está gozando del Paraíso.
El milagro había sido aprobado por la Comisión Teológica de la Congregación para la Causa de los Santos, el 24 de abril de 2019.
Mamerto Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 en el pueblo de Piedra Blanca, en la provincia de Catamarca, y falleció el 10 de enero de 1883 a los 56 años. Es recordado, en los manuales de historia, con toda justicia por su talento y patriotismo, como el orador sagrado de la Constitución del ‘53. Fue hijo de humildes labradores, fervorosos cristianos.
Tenía un concepto que reiteraba: “Todo está en la Constitución y en la ley”.