Cuando el Real Madrid anunció en enero de 2015 la incorporación por 13 millones de euros de Lucas Silva, mediocampista brasileño procedente del Cruzeiro, muchos lo señalaron como uno de los grandes proyectos del fútbol sudamericano. Con apenas 21 años, había sido figura en el Brasileirao, dueño de una diestra elegante y una madurez impropia de su edad. La operación se interpretó como una apuesta de futuro de la dirección deportiva blanca, que buscaba en él un heredero para el centro del campo.